jueves, 20 de febrero de 2014

Espiral de la casa

                                                                                                                    
Viñeta. /  O. Moré  / CUBA

  Al volver de distante ribera…
                                                     Bonifacio Byrne


De nuevo la espiral de la casa,
sus cimientos de orgasmos y aludes,
sus  imprecisas sombras en la pared,
la que da al viento y al espacio,
la pared que flota y se transparenta.

Vuelvo en la bufanda de antaño,
con las botas de siete leguas
y los gladiolos azules de un poema.
Allí encuentro en el ámbar a un insecto etéreo
que atrapado quedó en su vientre,
panza de ámbar entre la hojarasca marchita.

La casa vacía su añoranza,
sus símiles y artefactos para el miedo,
o, mejor dicho, para combatir el miedo.
La casa agita su estructura,
traduce sus palabras a un idioma que no sé.
La casa ajusta sus mitades
y absorbe mis sentidos,
como un reloj que marca despiadado
el grito de las horas.

Allí está Ella, con su delantal de impaciencia;
bajo el delantal su vestido de carne dulce,
tibia carne de blanca escarcha,
escarcha leve de tibia carne.

Allí está Ella, en la casa que perdura,
en la mesa que se agota,
en el agua que se hierve.
Ella es la casa y la casa es Ella.


No hay soles que se desplomen
ni  animales de rara estirpe
más allá de este paisaje,
sólo Ella y yo y una cama de humo.
Sólo Ella y yo y el vacío
y la noche y las aguas que rajan los espejos
y esos corazones en volutas
que en las telarañas  quedan colgando 


¡Ah, la casa! La casa y su espiral,
caracol que llevo a la espalda.


O. Moré
21/9/10