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sábado, 16 de mayo de 2026

«Objetos perdidos», de Karla Suárez

 







«Objetos perdidos» (Tusquets Editores / 2024; Editorial Comba / 2026), de Karla Suárez, es una novela que, aun habiendo sido escrita por una cubana y con un lenguaje cubanísimo, rezuma universalidad por los cuatro costados. Esta excelente obra bien pudiera haberse titulado también «Los pasos perdidos», como la gran novela de Alejo Carpentier, solo que aquí esos pasos extraviados encuentran nuevamente el camino guiados por la danza, la pasión y la conquista de un sueño.

Es una novela que habla de la pérdida, de la renuncia, de la encrucijada del emigrado, sí, pero también de la resiliencia y del perdón —a uno mismo y a los demás—. Una historia sobre perderse y volverse a encontrar (así lo he «atisbado» yo; cada cual que saque sus propias lecturas).
Esta preciosa novela, al decir de Rosa Montero, y escrita con una excelente economía de recursos, te toma de la mano y te invita a su baile; a danzar con Giselle delante de la Sagrada Familia, en Barcelona, y detrás de una mata de mango, en Cuba. Repito: te toma de la mano y no puedes soltarla hasta que el baile haya concluido. Al menos, eso me pasó a mí.
Mientras la leía recordé, por ciertas concomitancias, otra excelente novela: «Maldita danza» (Alba Editorial, 2002), de otro grande de la literatura cubana: Alexis Díaz-Pimienta.
La novela fue finalista del Premio Herralde de Novela en el año 2002, uno de los premios más prestigiosos del ámbito hispánico, y del Premio Bienal de novela Mario Vargas Llosa.
En el año 2022 obtuvo también el Premio Lengua de Trapo (España), lo que consolidó su recepción crítica y su circulación internacional.
Además, la obra ha sido traducida a varios idiomas y ha tenido una presencia destacada en la crítica francesa, italiana y latinoamericana.
Karla es una de las voces femeninas más solidas de la narrativa cubana actual, junto a Wendy Guerra Torres, Ena Lucía Portela o Daína Chaviano, por solo citar algunos ejemplos.
No se pueden perder esta novela. ¡Es imprescindible!
Otras obras de esta autora:
El hijo del héroe
Habana año cero
Grietas en las paredes
La viajera
Carroza para actores
Silencios
Espuma

miércoles, 25 de agosto de 2021

El huerto de Emerson, de Luis Landero.



Pasearse por el Huerto de Emerson de la mano de Luis Landero, es una de las experiencias más gratificantes que pueda tener un lector.  Cada libro de Landero me deja con un hambre insaciable, como si mi famélico cerebro, para alcanzar su robustez y su carga de inteligencia, necesitara de esta exquisita literatura. Lo mío con Landero es adicción pura y dura, como lo ha sido (y sigue siendo) con García Márquez, Paul Auster, Almudena Grandes, Haruki Murakami,  Onelio Jorge Cardoso, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Leonardo Padura, Wendy Guerra, Pedro Juan Gutiérrez, Gavrí Akhenazi, Juan Marsé, Eliseo Alberto Diego,  Jesús Díaz, Zoé Valdes, Abilio Estévez, Javier Marías o, lo está siendo ahora, con la narrativa de Alexis Díaz Pimienta.

 

Juegos de la edad tardía fue la primera novela que leí, hace ya muchísimos años, de Landero; fue ella la culpable, fue ella quién me hizo empezar a buscar más libros de este autor que, hasta ese momento, había sido un total desconocido para mí. Esta novela es de las que te marcan y te dejan huella, es de esas que al leerlas dices: yo quiero escribir así, o, yo hubiera querido escribir este libro.  Con el Huerto de Emerson Landero lo ha vuelto a hacer, me ha dejado con síndrome de abstinencia y rezumando envidia sana, porque yo quiero ser Luis Landero, yo quiero ser como Luis Landero. ¿Cómo se puede escribir tan bien? ¿Cómo se puede escribir con esa profundidad, esa elegancia, esa simplicidad y a la vez con tanta grandeza?  

 

El huerto de Emerson no es una novela, es más bien un libro de relatos en los que hay cierta continuidad y donde lo vivencial y autobiográfico (como ya lo había hecho en Balcón de invierno) van de la mano  y se mezclan con sus reflexiones sobre  el oficio de escribir, sobre la creación y sobre la literatura: libros y personajes literarios, donde estos últimos bien pudieran ser auténticos alter egos de sus propios personajes . Y qué pasa, que empatizo inmediatamente, y la sinergia entre mi yo lector de Landero con el propio autor Landero es inevitable, porque yo, un don nadie, un alfeñique, un principiante, un escritorcillo de medio pelo, descubro que pienso exactamente como él, que me enfrento a la creación de la misma manera que este genio, y eso me llena de regocijo, pero ahí acaba todo, porque  él es y seguirá siendo un dios de la narrativa y yo nunca le llegaré ni a la horma del zapato; pero qué importa, con leerlo a él es ya suficiente, es un lujo, un placer, y puedo sentir, mientras leo,  que la apoteosis en mí también se ha hecho realidad.

 

****

 

Acabado el Huerto de Emerson comencé  La carne, de Rosa Montero. Nunca había leído nada de Rosa, y me ha encantado. Desde ayer, que acabé su novela,  pasa a formar parte de mis imprescindibles. Es una novela que juega muy bien con el tempo y con los personajes para mantener la tensión narrativa.  Rosa se me ha descubierto como una escritora de innegable talento y con una imaginación desbordante, y lo digo (y no creo que haga spoiler) entre otras cosas por un personaje como Josefina Aznárez. Esta novela, escrita por otro, hubiera podido ser un insulso melodrama, pero en manos de Rosa Montero se convierte en una novela sólida, autentica, precisa y preciosa. Le robo a Enrique Vila - Matas un comentario que aparece en el dorso del Libro; dice Enrique: «Rosa Montero ama el riesgo […] y lo arriesga todo para que volvamos a creer en las relaciones entre realidad y lenguaje, en el poder de las palabras.»

 


Y hablando de Vila-Matas, hoy he empezado su novela Mac y su contratiempo; es lo primero que leo de este autor barcelonés, y mira que hacía tiempo que lo tenía en la mirilla.  Llevo 34 páginas y, de momento, ya me ha atrapado en su prosa. Sin duda promete. Estoy seguro de que me haré fan-adicto  también de Vila-Matas. Tiempo al tiempo.



O. Moré / 24 de agosto 2021

martes, 17 de agosto de 2021

El Huracán Anónimo y la suspensión de la incredulidad. Crónica sobre la novela de Alexis Díaz Pimienta.




Alexis Díaz Pimienta / La Habana (1966)




Hay un término acuñado por Samuel Taylor Goleridge que me gusta usar en demasía, pero, aun temiendo hacerme repetitivo, lo he de traer a colación ya que la ocasión (perdonen la cacofonía) lo amerita, hablo de esa voluntaria suspensión de la incredulidad cuando nos enfrentamos a un texto, a una obra teatral o a una película (entre otras cosas). El artífice de que esto suceda, de que el lector o el espectador, caigan en esta tela de araña, es el autor, el dramaturgo, el cineasta. Acabo de leer El Huracán Anónimo, novela del multifacético y poliédrico artista cubano Alexis Díaz Pimienta (La Habana 1966); novela negra o de corte policiaco en la que, desde la primera página en la que se empieza a desarrollar la extraña trama, la capacidad del autor, o sea, de Alexis, para enredarte en ella y que te creas de pe a pa todo lo que va aconteciendo, a la vez que empatizas y te pones en la piel de ese tan bien armado y escrito personaje que es Rolo Contreras, es admirable, es, sencillamente, magistral. Ningún cubano de pura cepa se tragaría, si se lo contaran, que algo así pueda o pudiera suceder en la Cuba del siglo XXI, diría: ¡Pero, asere, qué clase de paquete tú me estás metiendo!, sin embargo, Alexis lo logra, te sumerge de tal manera en la “peliculera”(según los propios personajes) historia, y logra convencerte haciendo lo imposible posible; lo irreal real; haciéndolo auténtico y, si esto fuera poco: vívido. Nos enfrentamos a una narración acertada, sencilla, con su cuota de coloquialidad, de “cubaneo”, que le da el punto de cocción exacto a este bien sazonado ajiaco, y, de postre, el autor nos ofrece una descripción hipnótica de la vida habanera. Porque El Huracán Anónimo es, además, un retrato exhaustivo de la sociedad cubana. Pero si la capacidad del autor para suspender la incredulidad es de primera, el trabajo que hay detrás de todo esto para lograrlo lo es aún más, porque la labor de investigación que ha tenido que hacer Díaz Pimienta para escribir este libro es abrumadora y mastodóntica. Para decirlo de manera coloquial yo también: hay mucho, pero mucho "curro" en la escritura de esta obra.
El Huracán Anónimo no es sólo una novela de género, es una novela NOVELA con todas las de la ley: inteligentemente estructurada y sumamente entretenida. Y, aunque podamos clasificarla dentro del género negro, como ya he dicho, es una novela diferente, fresca, dinámica, con grandes dosis de humor, que pone sobre el tapete ingentes temas y hasta se parodia a sí misma. Yo diría que, si tenemos en cuenta algunos acontecimientos recientes en la isla, es, hasta cierto punto, profética.
Alexis se ha convertido en un narrador cubano contemporáneo imprescindible; camina mano a mano y codo con codo con otros grandes de la talla de Leonardo Padura, Pedro Juan Gutiérrez, Aristides Vega o Wendy Guerra, por sólo citar unos pocos ejemplos. Nada tiene que envidiar Alexis, tampoco, a los grandes de la novela negra cubana: digamos a un Luis Rogelio Nogueras o a un Daniel Chavarría (este último nacido uruguayo pero cubano por adopción).
Os recomiendo, amigos míos, sin duda alguna, la lectura de esta maravillosa novela cubana. Y si usted es amante de lo policiaco no se va arrepentir; y si usted es amante de la crónica social no se va a arrepentir; y si usted es amante de la meteorología no se va a arrepentir; y si usted, sencillamente, es amante de la buena lectura y de la buena literatura, créame, no se va a arrepentir.
Y ahora acabaré con otra frase de la que abuso muchísimo también y que nos viene como anillo al dedo. Decía Aristóteles en su Poética: “Una imposibilidad probable es preferible a una posibilidad improbable”. Alexis Díaz Pimienta nos sirve un suculento ajiaco cubano con todas su viandas haciendo probable una imposibilidad.
Queda dicho.
Ovidio Moré 16 de Agosto 2021

martes, 28 de febrero de 2017

Contrapunto lúdico con Vicente Espinel





Es curioso que Vicente Espinel (1550-1624), el "supuesto" creador de una de las estrofas más usadas en la poesía española de todos los tiempos y que tanta gloria le dio y le ha dado, la  décima espinela, apenas fuera consciente de la importancia de esta innovación estrófica, y, lo que es más asombroso aún, que apenas la haya utilizado. Sólo diez espinelas constan es su obrar poético. Dos a modo de elogioso prólogo al  libro de Gonzalo de Céspedes y Meneses, Poema trágico del español Gerardo, publicado en el año 1615, y ocho en su libro Diversas Rimas, editado en Madrid en el año 1591, las cuales publicó con el nombre de Redondillas. Fue Lope de Vega,  gran admirador de Espinel y del que se consideraba discípulo, el que bautizó  la consabida estrofa con el nombre de espinela, haciendo justo y merecido homenaje a su "creador", y serían él, el propio  Lope, junto a otros grandes de sus contemporáneos: Calderón, Núñez de Arce, Cervantes, etc, los que la popularizaron.


Otra curiosidad es que, precisamente, no fue con sus espinelas que Vicente Espinel, este ilustre y polifacético hombre (también fue novelista, músico, soldado y sacerdote) alcanzara sus más altos vuelos poéticos. Tampoco le debe a ellas  la notoriedad  que gozó en su época, ya que esto es culpa, en parte de su otra obra poética y de su labor como novelista, sobre todo por su novela Vida del escudero Marcos de Obregón y por otras de sus varidas facetas.



Como últimamente no escribo ni dibujo, excepto alguna que otra decimilla a petición de mis amigos, me dedico a leer mucho, a estudiar e indagar, y fue así como llegué a Diversas Rimas, y a varias ponencias y estudios sobre la décima y sobre la vida de este poeta en cuestión.


Ni corto ni perezoso me descargué el libro de Espinel, libro que, por cierto, aparece en  edición original, y que pueden encontrar en Google play libros de forma gratuita.



He rescatado esas ocho redondillas que aparecen en Diversas Rimas  y, también, las dos del prólogo al libro de Gonzalo de Céspedes y Meneses las  cuales encontré de manera más legible en la obra del catedrático de la universidad de Las Palmas de Gran Canarias, Maximiano Trapero: Origen y triunfo de la décima. Y, con todas ellas, he desarrollado este contrapunto. No esperen alta poesía, es sólo un juego, simple y llana “rimadera” lúdica sin ton ni son, pero a la que le agregué una pequeña dificultad: empezar las mías con el último verso de la décima de Espinel (adecuándolo un poco según el caso) y terminarlas  con el primer verso suyo de la siguiente décima. Las décimas de Espinel aparecen  en color azul, están escritas en castellano antiguo. La mías  aparecen en naranja.



Espero que sea de vuestro agrado.


CONTRAPUNTO LÚDICO CON VICENTE ESPINEL




Si puede haber males justos,
éstos, Gonzalo, son tales,
pues de tus trágicos males
sacas generales gustos.
Sepan los pechos robustos,
si en desdichas te embarazas,
que con celestiales trazas,
entre agravios y querellas,
las desdichas atropellas
y las virtudes abrazas.

Y las virtudes abrazo,
Vicente, porque no hay mal
que pueda con su puñal
dejar en mi piel su trazo.
Yo a los males los disfrazo
con túnicas de heroísmo
y les doy con mi cinismo
donde laceran y duelen.
Y así yo logro que vuelen
a los profundos abismo(s).

En los profundos abismos
de tu desdicha corriente,
¿quién te hizo ser prudente
sino tus trabajos mismos?
Cesaron los parosismos,
haciendo los males cursos;
mas tus trágicos discursos
publicarán tus concetos
en locutorios secretos
y en generales concursos.

A generales concursos
no avocaré mi tragedia,
porque cuando el mal me asedia,
sé vencer, tengo recursos.
Entre todos mis discursos
ninguno peca de alarde,
pues más temprano que tarde
la verdad sale a la luz.
Y aunque use otro capuz,
no hay bien que del mal me guarde.


Hasta aquí las dos dedicadas a Gonzalo de Céspedes, pero, como decimos por mi isla, he seguido la rima y  las he encadenado a las siguientes ocho;  estas que siguen están destinadas a una mujer, pero yo las he contrapunteado como si fueran destinadas a un amigo.


*********************


No hay bien que del mal me guarde,
temeroso y encogido,
de sinrazón ofendido,
y de ofendido cobarde.
Y aunque mi queja, ya es tarde,
y razón me la defiende,
más en mi daño se enciende,
que voy contra quien me agravia,
como el perro que con rabia
a su mismo dueño ofende.

A su mismo dueño ofende
el perro del hortelano,
pero amigo, este cubano,
sabe bien lo que pretende.
Te entiendo, si alguien te ofende,
la rabia no se demora
en mostrarse destructora
y dejarte compungido,
pero estando así dolido,
tu suerte sólo empeora.

Y a esta suerte, que empeora,
se vio tan en las estrellas,
que formó de mí querellas
de quien yo las formo ahora.
Y es tal la falta señora
de este bien, que de pensallo,
confuso y triste me hallo,
que si por vos me preguntan
los que mi daño barruntan,
de pura vergüenza callo.

De pura vergüenza callo
yo también, aunque el rencor
se adueña de mi valor
y me da espuelas de gallo.
Y es ahí cuando ametrallo
sin compasión, inclemente,
al poetastro insolente
que se rió de mi males.
Tengo instintos animales,
suele decirme la gente.

Suele decirme la gente,
que en parte sabe mi mal,
que la causa principal
se me ve escrita en la frente.
Y aunque hago de valiente,
luego mi lengua desliza
por lo que dora y matiza,
que lo que el pecho no gasta
ningún disimulo basta
a cubrillo con ceniza.

Si tú cubres con ceniza,
ay, Vicente, al disimulo,
es como si a un cansado mulo
pintaras de verde tiza.
Cuando a alguien ojeriza
le tienes porque es escombro,
introdúcele un cohombro
cilíndrico en el “soneto.”
Así yo implanto respeto
si me os nombran, o si os nombro.

Si me os nombran, o si os nombro
vivo lleno de cuidado,
de ordinario recatado
con la barba sobre el hombro.
Que de mil cosas me asombro,
porque en mi poca ventura
no está mi suerte segura,
que quizá dicen las lenguas,
que ha sido por propias menguas
lo que fue por desventura.

Lo que fue por desventura,
y te achacan por menguado,
olvida, que no hay pecado
que no tenga sepultura.
Sé fuerte y con tu escritura
jáctate de pendenciero,
de juglar, de maromero,
saltimbanqui, equilibrista…
Como un singular artista
a vos presentar os quiero.

A vos presentar os quiero
desta verdad por testigo,
que a un declarado enemigo
os tengo por verdadero.
Que aunque desdeñado muero,
ser sin razón desdeñado
no es, por lo que en mí ha faltado
que en todo el discurso nuestro,
tan buen gusto como el vuestro
no pudo ser engañado.

No pudo ser engañado
el discurso que nos une
pues nuestro gusto es inmune
al versito edulcorado.
No importa si en el pasado
enemigo fui a razón;
no me importa esa opinión
son las cosas del querer”…
Y al final tienes que ver
sólo esta satisfacción.

Sola esta satisfación
me queda de tantos daños,
que nunca en tan largos años
os enfadó mi razón.
Mas ya para más pasión
podrá ser que lo neguéis,
que cuando queréis podéis,
pero a tan grande delito
resta vivo un sobrescrito,
que de mi letra traéis.

“Que de mi letra traéis.”
Repito tu último verso,
porque en él me quedé inmerso
sin saber lo que queréis…
Pero en serio, no entendéis
que yo siempre aquí estaré
a tu vera porque sé
que de ti bebí, poeta,
y que si llego a tu meta
esto da fuerza a mi fe.

Esto da fuerza a mi fe
a que su intento prosiga,
y vuesa merced no diga
desta agua no beberé.
Podrá ser que lo que fue
torne a ser como primero,
que en vuestra clemencia espero,
y no he de desesperar,
que no será justo echar
la soga tras el caldero.

La soga tras el caldero
nunca te echaría yo
porque nunca me gustó
ser escriba traicionero.
No soy de ese estercolero
ni de verso envenenado,
yo soy un hombre que ha dado
todo siempre en  humildad,
y que tiene por edad
el pensamiento cansado.

El pensamiento cansado
del importuno dolor
busca el estado mejor
(si en amor hay buen estado).
Que a un pecho tan lastimado
ni la gloria le alimenta,
ni la pena le atormenta,
que elevada la memoria,
ni siente pena, ni gloria,
ni el bien, ni el mal le sustenta.

Ni el bien ni el mal le sustenta,
es verdad, estoy contigo,
porque ambos son como el trigo
con que el dolor se alimenta.
El dolor del bien calienta
el corazón, y es dolor
que sólo provoca amor
y que sólo te ilumina.
Mas el mal quema y fulmina,
y además siembra el rencor.

Vicente Espinel (1591) / Ovidio Moré (2017)



Bibliografía: Diversas Rimas / Vicente Espinel (Madrid 1591)
Puedes encontralo en Google play libros, gratis
Origen y triunfo de la décima / Maximiano Trapero (2016)
Puedes encontralo en KOBO, al precio de 8.85 euros.