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sábado, 13 de junio de 2015

Décimas pasadas por agua

Vitral Marino (Viñeta) O. Moré / CUBA


Décimas pasadas por agua


Pez

La luna cambia de fase
en un negro mar de hielo
donde un pez de medio pelo
entre guijarros renace.
No hace falta que disfrace
sus agallas ilusorias
con escamas perentorias
que son ardid de la nada.
Este pez fue un pez espada
que olvidó sus viejas glorias.

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Hipocampo

En un mar de aguas inquietas
un hipocampo afligido
deja escapar un gemido
entre las algas violetas.
Las traslúcidas siluetas
de medusas orgullosas
parecen flores tediosas
en un paisaje imperfecto.
Él piensa que su intelecto
está lleno de esas rosas.

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Inmersión


 La vida sumerge, absorta,
su cabeza bajo el mar,
mientras siente palpitar
la sangre azul en la aorta.
Y el mar, que nada le importa,
desnudo, sin sus corales,
le enseña los genitales
esculpidos en la arena.
La vida se excita y llena
el mar de peces sexuales.

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Jicotea

Ya no hay pozo ni deseo
para  doña jicotea
que en el agua se marea
entre tanto devaneo.
No hay lugar para el recreo
ni para un simple guateque,
pues la miseria arremete
con saña en su carapacho.
¡El destino es un muchacho
algo burlón y zoquete!.

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 Estanque

El estanque está azogado
como el espejo de Alicia,
huele a terror y a malicia,
porque es charco simulado.
En la orilla, desterrado,
un batracio discordante
perdió su voz de cantante
en la desidia coral.
Es que el miedo inmemorial
hace mudo al desafiante.

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O. Moré
2015

martes, 20 de mayo de 2014

Cuando quise ser Ícaro


Este soneto ya lo había publicado anteriormente, en este blog, con el título: Discurso de Ícaro. Debido a mi inexperiencia y falta de conocimientos, algunas imperfecciones lastraban la calidad del mismo, estas últimas han sido corregidas gracias a la ayuda y la enseñanza recibida en el Foro Madre de la Comunidad Ultraversal. Agradecido quedo a los consejos,  las indicaciones y el apoyo de mis compañeros: Vicente Vives, Amarante M. Matius, Ricardo Fernández, Eva Lucía, Arantza Gonzalo Mondragón, Mercedes Carrión, Rosario Vecino y Gavrí Akhenazi.




 
Viñeta: O. Moré / CUBA



Con las alas de Ícaro, encendido,
me elevaba  veloz, y en mi proeza
no pude ver del mar su azul tristeza
porque el sol me cegó con su latido.

Bajo su piel de sal quedé abatido,
apagado, incoloro, sin nobleza,
pálido pez herido en la rareza,
atrapado en la red, arrepentido.

De nuevo mi memoria quedó presa
en la tierra remota. Y la riqueza
que en sus fuentes bebí no ha fenecido.

Mis alas  se perdieron, y me pesa
no encontrar la razón ni la destreza
que ayuden a empezar desde el olvido.

O. Moré.


jueves, 6 de marzo de 2014

CASA

La CASA es un tema recurrente en mi poesía, la casa como alegoría de patria (léase hogar, ciudad, país, cuerpo, refugio, familia) como lo son, también, el agua o los elementos marinos. No son obsesiones gratuitas, son obsesiones necesarias, las  paredes donde este isleño emigrante se resguarda de la añoranza.
Aquí les dejo con dos poemas en que la CASA se convierte en  metáfora de todas esas lecturas que apuntaba anteriormente.


Viñeta del autor


Casa de sal y de abismos

Casa de sal sobre el agua,
encaje disperso que hiere
el azul y le confiere
faz de vívida tatagua.
Casa leve que se frágua
sin luz en oleaje muerto,
barca y velamen abierto
a merced de peces mudos.
Casa sin lanzas ni escudos
en océano desierto.

Casa de abismos hirientes
con paredes apagadas,
refugio de verdes hadas
y de duendes penitentes.
Se alzan flores disidentes
en las sombras de la noche.
Y tras un mustio reproche
en la habitación dormida,
se escapa inerte la vida
del tímido y del fantoche.







Tatagua: Mariposa nocturna cubana de gran tamaño y color oscuro.
Es común verlas en los hogares campesinos. En mi casa, en Cuba, de vez en cuando encontrábamos alguna posada en la pared, como si fuera un elemento decorativo más. También se les conoce como Brujas. Pueden alcanzar dimensiones realmente gigantescas, comparadas con las mariposas comunes, claro está.


CASA



No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.
MARIO BENEDETTI


En esta casa el cielo abunda,
se deja arrastrar a los rincones,
se deshace y vuelve.
Sus nubes se sientan a la mesa
y no podemos
palidecer por su blancura.
En esta casa las semillas nacen,
al silencio lo hemos enterrado en una urna,
el reloj de la pared suena a las cinco
cuando del techo bajan las arañas
y la ronda del pecado se anuncia en los cuartos.
En esta casa el perro no ladra,
se muerde la cola de tela coloreada
y no da vueltas para acostar su cuerpo,
sólo nos mira y apaga las luces.
En esta casa el tiempo se ha dormido.
Aunque parezca extraño
el sudor del día no moja el suelo
y los elefantes cuidan de no orinar en la sala.
Se reparte la ansiedad a pedacitos,
para las buenas ocasiones se comen cartas,
que vienen de lejos, de donde no he ido.
En esta casa sobra la hierba,
tan verde como pueda imaginarse,
se expande por las paredes y por el techo
y luego se derrama en nuestras camas.
No hay vigías ni embusteros, sólo un gorrión
se posa en la lámpara.
Tomamos baños de lluvia todos los lunes
y, por si fuera poco, hacemos versos.


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miércoles, 5 de marzo de 2014

El Rincón de La Maga


Hoy, con este post, quiero rendir un pequeño, pero merecido homenaje, a una mujer perfilada por la pluma de Cortázar. Ella nos recibe en su palacio de color lila, para, entre ungüentos sanadores, versos, papiros, fábulas, conjuros y libros, cocinarnos, en una gran olla, 
una poción a base de sentimientos puros, asombros, maravillas y unas dosis enormes de abrazucos, con los que elabora relatos y poemas para todos nosotros.

Querida Lucía, por todos esos halagos que siempre nos brindas y por tu apoyo incondicional. Va por ti, Maga



En el Rincón de La Maga
la fábula brota lenta,
arde una vela y calienta
cuando el rey Sol ya se apaga.
El humo sube y divaga
desde el racial chocolate.
La Maga en un verso bate
emociones, sentimientos…
Y luego a los cuatro vientos
 esparce lo que allí late.

Bajo su árbol frondoso
buena sombra nos cobija,
cada palabra se fija
en el tronco; y tembloroso,
un colibrí revoltoso
liba poemas y cuentos.
Atrapando los cimientos,
tatuados en la belleza,
el alma se queda presa
con tan mágicos momentos.

Qué dónde está ese rincón,
me pregunta un duende viejo.
Le presto mi catalejo,
mi astrolabio, mi ilusión…
Busque usted en su corazón,
le digo, y tenga cautela.
Le acerco la blanca vela
y todo el duende ilumino.
Lo ve, ahí tiene el camino
que llega a Villa Rayuela.






jueves, 20 de febrero de 2014

Espiral de la casa

                                                                                                                    
Viñeta. /  O. Moré  / CUBA

  Al volver de distante ribera…
                                                     Bonifacio Byrne


De nuevo la espiral de la casa,
sus cimientos de orgasmos y aludes,
sus  imprecisas sombras en la pared,
la que da al viento y al espacio,
la pared que flota y se transparenta.

Vuelvo en la bufanda de antaño,
con las botas de siete leguas
y los gladiolos azules de un poema.
Allí encuentro en el ámbar a un insecto etéreo
que atrapado quedó en su vientre,
panza de ámbar entre la hojarasca marchita.

La casa vacía su añoranza,
sus símiles y artefactos para el miedo,
o, mejor dicho, para combatir el miedo.
La casa agita su estructura,
traduce sus palabras a un idioma que no sé.
La casa ajusta sus mitades
y absorbe mis sentidos,
como un reloj que marca despiadado
el grito de las horas.

Allí está Ella, con su delantal de impaciencia;
bajo el delantal su vestido de carne dulce,
tibia carne de blanca escarcha,
escarcha leve de tibia carne.

Allí está Ella, en la casa que perdura,
en la mesa que se agota,
en el agua que se hierve.
Ella es la casa y la casa es Ella.


No hay soles que se desplomen
ni  animales de rara estirpe
más allá de este paisaje,
sólo Ella y yo y una cama de humo.
Sólo Ella y yo y el vacío
y la noche y las aguas que rajan los espejos
y esos corazones en volutas
que en las telarañas  quedan colgando 


¡Ah, la casa! La casa y su espiral,
caracol que llevo a la espalda.


O. Moré
21/9/10



viernes, 14 de septiembre de 2012

Tres

Cuerpo de fuego / O. Moré (Osvaldo Moreno) CUBA
El otro


Sobrio, acabado y dolido
al amparo de una manta,
con el polvo en la garganta
y su cuerpo entumecido.
Hijo pródigo de olvido
y hermano de la nostalgia,
esclavo aprendiz de magia,
devoto del sueño eterno,
el escriba de un cuaderno
donde impaciente se plagia.


El de allá


La distancia lo separa
de la rosa que sembró,
de  la fragua donde obró
su voz, sus ojos, su cara.
Sabe que la nube ampara
—la nube de lluvia inerte—
el devenir de su suerte
y la estaca del camino
donde amarra el peregrino
el miedo a encontrar la muerte.


El de aquí


La raíces le retienen
pero la sabia se agota,
él se hunde en la derrota
de los que van y no vienen.
Teme luego le cercenen
las alas que le han crecido;
se refugia en el aullido
que brota de su costilla.
Alcanzar la vieja orilla
lo convierte en un bandido.

domingo, 27 de febrero de 2011

Helena de Cuba (de jugando con la décima)

Desnudo en Verde / O. Moré (Osvaldo Moreno) CUBA


"Arde Troya", y el caballo,
con su empaque de madera,
destruye la talanquera
hecho ciclón, hecho rayo.
Súbito se quiebra el tallo
de Helena que voz en grito
y con el rostro contrito
se oculta por los portales.
Helena, entre los mortales,
escapando del delito.

Mulata de grupa tosca
con sus bembas carmesí,
libertino colibrí
de testa rabiosa y fosca.
Ya te has pasado de rosca
y el mulato Menelao
rapaz como el guaraguao
en su potro semental
quiere salvar su moral
y te enjuicia en el tablao.

Haya tu cuerpo el machete
reclamando tu armadura.
Se te clava en la cintura
cuando el adusto jinete
cual si fueras un juguete
te alcanza sobre su equino.
Con un zarpazo felino
emerge tu sangre espesa.
Tu vida se queda impresa
en el polvo del camino.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Al son de la Espinela

Ilustración: O. Moré (Osvaldo Moreno) CUBA



I

Pinto un geranio de rojo
y luego, con gran premura,
he de atarlo a tu cintura,
y al geranio yo recojo.
Así te mato el antojo
de que sea flor tu talle.
Y para darle un detalle
le agrego cintas y lazos
que se enreden en tus brazos
cuando desandes la calle.

II

Busco tu cuerpo mujer
entre resacas de humo.
Tu cuerpo despacio fumo
y lo veo fenecer.
Despiertas en mí el placer
que se consume en mi sexo.
Mi sexo colma en su nexo
el corazón de lujuria.
Es esa mi cruel penuria
en lo cóncavo y convexo.

Pierdo tu cuerpo mujer,
se escapa de mis pupilas;
en ellas triste destilas
la miel del anochecer.
Luego vuelve a florecer,
con escultural figura
muy pegado a mi cintura,
y en un sensual movimiento
echo mis alas al viento
y penetro en tu espesura.

III

Ardo, dudo, soy la fiera
y es mi cuerpo una prisión,
donde muere la ilusión,
más negra que una pantera.
Ya no soy la primavera
que trajo aquel aguacero.
Lentamente yo me muero
y el alma se quiebra en dos.
Sé que palpita mi voz,
sé que soy el prisionero.

IV

Persigo mil ilusiones
transparentes y viriles
con ademanes gentiles
cual flores y corazones.
Por esas simples razones
de querer ser natural
me muestro como un cristal
y brindo siempre mi diestra
como la llave maestra
que abrirá mi ventanal.

En mí verás la tristeza
jugando con la alegría,
y verás la simpatía
como una niña traviesa.
Compartiendo una cerveza
al miedo junto al valor,
también quizás al dolor
amigo de la sonrisa,
y un soplo de suave brisa
cortejando alguna flor.

Soy así, simple, sincero,
romántico, enamorado.
Soy un lucero apagado
pero con cuerpo de acero.
Ser un verso es lo que quiero
y dar hijos soñadores,
beberme siete colores
y ser arco iris en ti,
y que regreses a mí
preñada de mis amores.

V


Navego en blanco velero
por la arena movediza.
El fuego que allí se atiza
es de forjar el acero.
Incrustado en el madero
de tan exótica nave
está mi cuerpo de ave
cual un signo de la muerte,
mientras juega con mi suerte
el viento que nada sabe.




VI

Cuando voy con ese modo
de fiero y joven David
en la vida soy el Cid
Campeador que vence todo,
pero si en algún recodo
el destino me hace trampa
allí soy la viva estampa
de Jesús crucificado.
Soy como un niño asustado
entre las garras del hampa.

VII

Eres nube pasajera
que el viento mece a su antojo.
O tal vez seas tú el rojo
fulgor de un sol de madera.
Vives en una quimera
que alimentas con cuidado,
mientras cierras con candado
el precio de la virtud,
y con esa esclavitud
a tu cuerpo lo has matado.

VIII

Solo estoy, solo, inconfeso.
Solo estoy, amordazado
entre dolores, callado
entre la pasión y el beso.
En mi espalda llevo preso
un violín de triste pena.
Sobre el mar, sobre la arena,
sobre algún monte dormido
solo estoy. Junto al olvido
arrastro yo mi condena.

Solo me acuesto en mi cama
cual un cadáver de humo,
como fruta sin su zumo
o ceniza sin su llama.
Sólo el verso es quien me ama
y soy del verso aprendiz.
Me cubro con su tapiz
en las noches de quebrantos
para que seque mis llantos
y cierre mi cicatriz.

IX

Era la noche incompleta
con su aroma de azafrán,
las negras nubes se van
con sus trajes de etiqueta.
Tomó el pintor la paleta
y con exquisito modo
en el lienzo pintó todo:
un lucero, sus fulgores,
y estrellas con sus temblores
reflejándose en el lodo.

Pintó además la silueta
de la palma a contra luz
y al cielo, cual un capuz,
pintó el pintor de violeta.
Dejó el pincel una veta
de azul en alguna nube.
Sube el pincel, sube y sube
y pinta en lo alto del cielo
a la luna con un velo
en su rostro de querube.

X

En ese rostro impoluto
que borda mi fantasía
hay un sol de mediodía
y un cortinaje de luto.
En ese rostro absoluto
como un lucero fugaz
puedo descubrir el haz
de un rayo lleno de miedo
y puedo ver el enredo
que transparenta detrás.

XI

Está mi cuerpo sepulto
bajo las llamas voraces,
y llevan los alcatraces
en su bolsa el negro bulto
de mi vida y el insulto
que emanando iba de ella
cuando la regia centella
matábame la simiente,
en el mar incandescente
de una maléfica estrella.

XII

Eres un verso dormido
y un abanico de seda.
Eres la impúdica Leda
y yo tu cisne rendido.
Eres el sol atrevido
que se cuela en la ventana.
Eres la estrella Kafkiana
que traza mi directriz.
Eres la fuerte raíz,
eres mi tierra cubana.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Terminado en mente.

Viñeta / O. Moré (Osvaldo Moreno) / CUBA

Finisecularmente soy una partícula
Que se debate entre la luz y la sombra,
Entre la verdad y la mentira,
Entre el mar y la tierra,
Una partícula de universos paralelos.

Paradójicamente soy un loto
Y una mala hierba,
Un encantamiento y un maleficio,
Una joya y una ganga,
Un collar en perros distintos.

Personalmente soy carne,
Animal corto de miras,
Sin lenguaje y sin pedigrí,
Un ente transitorio, un cadáver vivo,
Un destello momentáneo.

Idílicamente soy un espécimen en extinción,
La huella dejada por un dios
En la arcilla, la predicción del oráculo
Y las cenizas de un nuevo fénix.

Fugazmente puedo ser estrella.
Literalmente puedo ser capullo.
Inefablemente soy un objeto de un decorado.
Anímicamente soy un poeta que se cree poeta.
Profesionalmente sólo abro las puertas.
Pero sé que todo,
absolutamente todo,
está en mi mente.