miércoles, 28 de septiembre de 2016

Modus Vivendi

Coco taxi / Maykel Herrera /CUBA
(más del artista haciendo click en su nombre)

Modus Vivendi


Puedo vivir amurallado
siendo el conde de Dumas,
descalzo sobre miles de cristales
como un faquir hambriento.

Puedo ser un Prometeo imberbe
sin brizna de lumbre
en la oscuridad de una noche
acérrima y mutante.

Puedo vivir, yo,
el hijo de un licántropo
sin fuerzas ya para la metamorfosis,
en las ruinas de esta ciudad
inerte e inmolada
vestida de la cal y del salitre
que fagocitan su cintura.

Puedo vivir en algún circo
entre míticos funámbulos
de otros tiempos
y las acrobacias
de un caniche que aúlle
irrisorio en mis oídos.

Puedo vivir
en estado de catalepsia perenne,
o sobrevivir al  insomnio
contándome las costillas
como si contara
famélicas ovejas.

Puedo vivir desnudo,
a la intemperie,
gato escaldado y sin gata,
eunuco en el harén
de las once mil vírgenes,
a pan y agua, a frío y noche..

Y podría vivir  sin la pulsión
del verbo y de la tinta,
pero nunca, jamás de los jamases,
sin el épico milagro de mis hijos.

O. Moré
2016




sábado, 10 de septiembre de 2016

Tania en CUBA


Hoy, después de casi más de una década, la cantautora de música infantil Tania Moreno, pisará de nuevo los escenarios de La Habana, Cuba, su tierra natal. 
Unos días antes el diario Juventud Rebelde, el segundo en importancia en toda la isla, se hacía eco del suceso tanto en su versión impresa como en su versión digital. El crítico musical Joaquín Borges Triana era el encargado, en su conocida columna "Lo que soñamos por la oreja" de reseñar el espectáculo que se llevará a cabo en el Centro Hispanoamericano de la Cultura  en la avenida más conocida de la ciudad, el nostálgico Malecón Habanero. 

Desde aquí, desde la madre patria, era la revista ARTEPOLI, la que daba a conocer la noticia. Otros medios cubanos también lo hacían, como es el caso de Radio Habana Cuba en su sitio web.

Tania estará acompañada por  grandes de la escena musical cubana, artistas de la talla de Kelvis Ochoa, Raúl Torres, Yaima Orozco y Rochy Almenteros. Por otra parte, el artista visual Ángel Alonso proyectará, durante la actuación de Tania, los clips de dibujos animados que ha hecho sobre varios temas de la cantautora. Por cierto, Ángel también ha sido noticia por aquellos lares debido a la inauguración, el 17 de agosto, de su exposición "El ego y la caja de Pandora," en el Centro Memorial Salvador Allende de la capital cubana con gran éxito de crítica y público.

Por qué os cuento esto, porque la aquí reseñada no es otra que mi hermana, de quien me considero su fan número uno, y una ocasión así sería imperdonable que la pasara por alto.

De antemano gracias por la lectura y el visionado. Todo el aché sea con vosotros.

Cartel creado para el evento
Versión impresa en el diario Juventud Rebelde.


¡A soñar!

Joaquín Borges-Triana  cultura@juventudrebelde.cu
7 de Septiembre del 2016 21:38:48 CDT

Tengo la impresión de que nunca se ha reconocido como se debe, lo variado y rico, desde el punto de vista cualitativo, de la producción musical cubana para niños. Quien estudie lo llevado a cabo en dicho sentido entre nosotros, disfrutará de un repertorio harto sobresaliente.
Si un mérito ha registrado esta zona de nuestro quehacer sonoro, pienso que el mismo es la mirada ecuménica predominante en las creaciones hechas para infantes por artistas de nuestro país de todos los tiempos. He ahí un rasgo distintivo que ha prevalecido tanto entre compositores e intérpretes desaparecidos, como en los que hoy viven en la Isla o están radicados en el extranjero.
Alguien que brilla con luz propia en el universo de nuestros compatriotas que han puesto su talento musical al servicio de los más pequeños es sin discusión alguna la matancera Tania Moreno. Ello podrá ser comprobado el próximo sábado 10 a las 11:00 a.m., en un concierto que ella ofrecerá en el Centro Hispanoamericano de Cultura, ubicado en Malecón 17.
Escuché hablar por primera vez de Tania allá por la segunda mitad de los 80, no recuerdo bien si en 1987 o en 1988. Lo cierto es que desde que la oí cantar, el lirismo diríase que casi infantil que adorna su voz me atrapó por completo. Evocar a la trovadora de aquellos lejanos tiempos me hace recordar la figura de alguien que físicamente ya no está entre nosotros, el notable poeta villaclareño Heriberto Hernández, de quien la Moreno supo aprehender más de una esencia.
Cómo no mencionar ahora en este breve repaso de lo llevado a cabo por Tania Moreno, la etapa en que dirigió un coro infantil en Matanzas, aún recordado por quienes pudimos apreciarlo alguna que otra vez. O los brillantes resultados que ella consiguiese en el concurso de canciones infantiles Gisela Hernández, en cuya emisión de 1989 fue la ganadora del primer premio con su tema titulado Cocuyos, para mi gusto personal una de las más hermosas melodías que entre nosotros se han escrito para niños.
Luego vendría el período a inicios de los 90 y las intensas descargas en la Casa del Joven Creador, en la Avenida del Puerto, con un repertorio concebido para adultos. Después, un largo silencio se tejió en torno a esta matancera, roto cuando a mis manos llegó un disco libro publicado por Linkgua Ediciones S.L., hermoso proyecto que viera la luz en Barcelona gracias al ingente trabajo de Radamés Molina Montes, Jorge Luis Mata y Marco Hernández.
Las 16 canciones compiladas en ese material, todas compuestas e interpretadas por Tania Moreno, se inscriben por derecho propio entre lo mejor que en música cubana se ha facturado para niños. Como escribí en las páginas de Juventud Rebelde en el momento en que el disco libro Cantando te cuento comenzó a circular, el álbum no solo es una auténtica gozada para cualquier pequeño, sino que es absolutamente disfrutable para los mayores y está hecho sin la menor concesión a la ñoñería con la que no pocas veces se conciben las canciones para niños.
Entre los varios temas de dicha producción que yo recomendaría para cualquier amante de la buena música de siempre, mencionaría MulataMaribelPayasito, el antes aludidoCocuyosTrenLágrimas de cocodrilo y A soñar. Imagino que en su venidera presentación del sábado 10 en el Centro Hispanoamericano de Cultura, no falten las piezas mencionadas, aunque de seguro Tania interpretará también algunas de sus composiciones recientes y que por aquí aún no se conocen.
A tono con el carácter aglutinador que tipificó a Tania Moreno en los tiempos en que éramos tan jóvenes y consecuentemente felices e indocumentados, compartirán escenario con ella amigos de interminables trovadas. Son los casos de Kelvis Ochoa, Raúl Torres y Rochy. Así pues, recomiendo que si usted tiene un «peque» en casa y quiere que disfrute de buena música para niños, no deje de llevarlo este sábado 10 a las 11:00 a.m., al concierto que ofrecerá Tania Moreno, sin la menor discusión una de nuestras grandes trovadoras y quien en cada una de sus interpretaciones, con su hermosa voz, nos invita a soñar.

Dos temas infantiles de Tania:




Los que acompañarán a Tania






sábado, 23 de julio de 2016

Un bolero para Gilo

Gildardo López Reyes

Siempre me gustaron los boleros con sus desgarradoras letras de amor y desamor. En mi isla son tradición, es la cuna, ella ha dado, quizás, los mejores compositores e intérpretes de este popular género, pero en “México lindo y querido” la cosa también ha seguido idénticos derroteros.  Agustín Lara y José Alfredo Jiménez (dentro de una gran pléyade de compositores) son un buen ejemplo de ello. Las letras de los buenos boleros son como pequeñas novelas; en ellas están condensadas, de manera dramática y poética, grandes historias de amor. Y como un buen bolero es el libro que acabé de leer hace unos días;  el primer parto literario de mi amigo Gildardo López Reyes (mexicano él de pura cepa). Apuntes de un hombre ordinario (así se titula esta ópera prima de mi “cuate”) se lee con avidez melómana, como  si estuvieras escuchando un recital de boleros, de buenos boleros; unos boleros escritos desde la sinceridad y el desgarramiento absoluto, travestidos en vívidas e inteligentes anécdotas; analíticas, propias de  un tratado o estudio sociológico sobre el amor, el desamor, el individuo y la pareja.

Gildardo, desde la primera oración, logra empatizar con el lector, porque las situaciones que nos cuenta y que devienen de sus propias experiencias, son las mismas que hemos vivido todos alguna vez, sólo que él no se limita al simple hecho anecdotario, a contar por contar, sino, como apuntaba antes, le confiere a la narración su particular punto de vista, adentrándose en esa fenomenología o patología humana, regida por las arbitrarias saetas de Eros, llamada relación amorosa. En este caso concreto, el de una separación y todo ese universo social y personal que le rodea.

Otro gran amigo, el escritor y poeta Gavrí Akhenazi, prologa este hijo literario de Gildardo (Gilo, para los “compas”) ahondando, de manera acertadísima,  en el por qué y el cómo del hacer narrativo de Gilo, por ello no quiero robarle protagonismo y desvelar nada más de esta especie de novela testimonial y autobiográfica, porque el análisis de Gavrí es suficiente.

A Gilo lo conocí en mi andadura por las comunidades literarias de G+, y afianzamos nuestra amistad en Ultraversal. Desde entonces sigo semanalmente sus posteos en su Blog Las letras de Gilo. Él nunca defrauda, siempre logra darnos su visión crítica de las cosas y nos hace ver aquellas otras que a veces pasan inadvertidas, sin que nos demos cuenta, pero que están ahí y forman parte del universo cotidiano del que nos nutrimos, en el que crecemos y aprendemos; del universo cotidiano y humano de las relaciones interpersonales y sociales. También, en su Blog, podemos encontrar excelentes reseñas cinematográficas, porque Gilo es un gran cinéfilo, un sibarita del cine de altos vuelos, entre otras muchas cosas.

La narradora y poeta Eva Lucía Armas, retrata, en la contraportada, a nuestro autor de esta manera:

“Podríamos decir que Gildardo López Reyes es un analista existencial. Un Hombre que observa, razona y opina sobre el microcosmos y el macrocosmos. Es un astrónomo de la vida y su desenvolvimiento, que sigue el curso de cada estrella y puede hablar desde el pasado hasta hacer futurología sobre las cosas diarias, las que no se ven o no se quieren ver”.

Sólo me queda recomendaros la lectura. Si usted es de los que sabe apreciar un buen texto, escrito de manera sencilla y sincera, sin florituras ni ornamentos, sabrá valorar la prosa ágil de Gilo y quedará encantado, porque bien merece la pena adentrase en las páginas de la vida de este “hombre ordinario”, que desmenuza inteligentemente cada experiencia vivida, sacando de ella la enseñanza necesaria para curtirse y seguir en la andadura.

Para cerrar os dejo con este hermoso bolero de mi compatriota Pablo Milanés, en la voz de la gran Elena Burke, conocida por todos los cubano como la Señora Sentimiento, y que dedico a Gildardo. Esta canción es el tema de la película Una novia para David, del director Orlando Rojas, cuyo guion escribió Senel Paz, que luego, éste último, lo convertiría en una novela imprescindible para mi generación. "En el cielo con diamantes", así se titula el libro. La película, también, sin lugar a duda, fue un hito en su momento, pues nos enseñó a romper con los estereotipos, de la misma manera que lo hace Gilo desde sus letras, por eso creo que tanto el bolero como el fragmento de la peli que aquí os dejo, le vienen como un guante al libro de Gilo, sobre todo a su capítulo final.

Gracias por la lectura y por estar siempre ahí.

Pueden encontrar el libro de Gildardo en varias plataformas digitales, pero principalmente en:

https://www.amazon.fr/Apuntes-hombre-ordinario-Gildardo-Lopez/dp/1533381941


FELICIDADES, GILO.


Aquí el bolero completo:






viernes, 24 de junio de 2016

Decimando, como siempre...




El minotauro de Watts / José Ramón Diez Rebanal / ESPAÑA





Minotauro

Minotauro en extinción
recorriendo el laberinto,
famélico, y por instinto
buscando una solución.
Así voy, con la adicción
de querer saciar la duda
existencial, la que exuda
este sistema suicida.
Quiero encontrar la salida
sin el hilo, sin ayuda.

Origen

Vengo de un país que quiso
convertirse en un infierno,
donde la palabra invierno
significa paraíso.
Vengo de rizar el rizo
sobre el agua discursiva,
y allí dejé en carne viva
mi cuerpo recio y amargo.
Vengo de un islote largo
que naufraga a la deriva.

No hay peor ciego (a)…

Dices fue concomitancia
y sigues desnuda y sola
cantando tu barcarola
y restándole importancia.
Mas no es casual tu ignorancia,
es patológica y es
el punto donde el revés
te hará penar infinitum.
Y aunque sea ad libitum
es signo de insensatez.
  
  
 Vuelo cancelado.

Está lloviendo ceniza
sobre la ciudad inerme,
está lloviendo y perderme
en este gris me horroriza.
Y tras la línea indecisa
del horizonte borrado
el cielo sigue encriptado
sin dar licencia de vuelo.
Mis pies siguen sobre un suelo
completamente quemado.


O. Moré
2016


domingo, 19 de junio de 2016

Mirai Maia y Ondina (sobre unas ilustraciones de Lola Rodríguez)


Mi amiga, la ilustradora Lola Rodríguez, me pasó estos dibujos para que le diera mi parecer, pero, inquieto como soy, me puse manos a la obra y me inventé, en el acto, sendas historias. La idea era escribir lo primero que me viniera a la cabeza observando las ilustraciones, o sea, recurrir a la escritura automática y, al acabar, intentar no hacer  ningún cambio, y si hacía alguno, que fuera mínimo.

Un ejercicio parecido nos ponía la maestra en tercero o cuarto grado de primaria (si no me traiciona la memoria). Teníamos que hacer una redacción de la lámina que ella nos mostraba. La colgaba al lado de la pizarra y venga, a escribir. A mis compañeros les parecía un incordio, a mí me encantaba, porque era una oportunidad única para dar rienda suelta a la imaginación y poner a trabajar mi cocorioco siempre lleno de fabulaciones. Como dicen por acá, por la península: "me las pasaba pipa".

Esto fue lo que salió. Aquí las comparto. Lola también hizo lo mismo, hace poco, en su blog  http://kyuminkumo.blogspot.com.es/



Mirai Maia / Lola Rodríguez / Barcelona / España



MIRAI MAIA




Ella recogía las esquirlas de estrellas fugaces que habían quedado desperdigadas por la campiña después de Las Perseidas,  y las sembraba en macetas multicolores  en el invernadero. El invernadero había pertenecido a su tío Gráncibal, botánico, mago y alquimista; de él  había aprendido  el cultivo de amapolas perennes y la domesticación de peces en el éter, entre otras hechicerías. Cada mañana regaba las esquirlas con agua de mar, pues había leído en el Gran Libro de las Maravillas, también heredado de su tío, que las estrellas sólo se alimentaban de agua salobre. Cuando las esquirlas germinaban en las macetas, las trasplantaba a su jardín, situándolas en torno a un árbol de alcornoque  que de “alcornoque” no tenía absolutamente nada, pues era dueño de una inusitada sapiencia. Allí los futuros astros crecían sanos hasta convertirse en pequeños soles amarillos. Llegado el otoño los soles ya habían alcanzado la maduración exacta, entonces ella recogía la cosecha. Con esmero fabricaba, en cobre y plata, lucernarios de exóticas formas y en cada uno engarzaba un sol. Finalizado el trabajo, al cual dedicaba varias semanas,  bajaba su preciada mercancía al caserío en una carreta tirada por un percherón zaino y parlanchín, e iba regalando los raros farolillos, casa por casa, a todos los habitantes del poblado, para que pudieran iluminarse y calentarse durante el duro y frío invierno que estaba por llegar. Los pueblerinos, agradecidos, le regalaban sonrisas, que ella guardaba en un estuche  de ébano, y luego, con parsimonia y gracia, y la ayuda de un pájaro carpintero,  enmarcaba y colgaba en las paredes de su casa. Alrededor del alcornoque siempre dejaba unos cuantos soles para su propio disfrute.  Así que en las noches invernales de luna nueva, se le podía ver a ella, a Mirai Maia, sentada en una de las ramas del viejo árbol, absorta entre las páginas del Libro de las Maravillas, y también a su mascota (un pez payaso que siempre había soñado con ser podenco) jugueteando entre los soles y las amapolas, arropados, ambos, por la calidez y la luz que  los solecillos proveían, como si aquella fría noche fuera una noche cualquiera de primavera.



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Ondina  /Lola Rodríguez / Barcelona / España

ONDINA


Sentada en el quicio de su ventana, con el océano al fondo, Ondina rememoraba todo lo que había acontecido en su vida  hasta haber logrado el éxito y convertirse en  la prima ballerina assoluta de los siete mares. Ella, nacida en las quietas aguas de una humilde laguna, había vencido, en singulares duelos,  a las más afamadas nereidas. No había habido magia ni hechicerías, sólo trabajo duro y constante. Bailar sobre el espejo estático de la laguna era una insignificancia, lo extraordinario era bailar sobre las furiosas olas marinas y dominarlas a tu antojo; vestirte con sus espumas y degustar en los labios el sabor, aunque fuera salado, del triunfo de la doma; eso era lo que ella siempre había deseado y por lo que  había luchado un año tras otro.  Sin embargo, a pesar de tan épica conquista,  a pesar de que en ese largo trecho desde la laguna hasta el  mar, en esa cruenta guerra contra las adversidades, los convencionalismos y hasta contra los designios divinos, que le habían hecho alcanzar la cima y la gloria, Ondina, no era feliz, porque en la batalla más mundana, en los avatares del amor, había conocido la derrota.

Ondina se había enamorado de Céfiro, el cálido viento que encrespaba las olas que ella domaba en su danza perfecta y elegante. Céfiro le había prometido amor  eterno y Ondina se había creído la promesa a pies juntillas, mas todo había sido un ardid del libidinoso y mujeriego vientecillo,  que se dedicaba a ir cortejando, una por una,  a las ninfas y nereidas, esas mismas nereidas danzantes rivales de Ondina. Céfiro se paseaba entre ellas, acariciaba sus cuerpos  y  jugueteaba bajo sus faldas de algas multicolores; soplaba delicadamente en sus oídos y les susurraba canciones románticas a la par que  les tejía diademas de espuma en sus cabelleras, luego, acabadas  las galanterías y el cortejo,  les hacía el amor entre los peñascos abruptos de la costa o en las húmedas  arenas de las playas. Y, justamente, en una de aquellas playas, Ondina le había descubierto jugueteando en las  carnes de Náyade. En ese instante ella sintió que el corazón se le deshacía dentro del  pecho fulminado por un dolor inexplicable que la sumía en la tristeza, y, también, en las arenas movedizas de los celos. Por eso ahora la vemos  sentada en el quicio de la ventana, vestida aún con la ropa de su última función (un ballet inspirado en Moll Flandes, de Daniel Defoe) rememorando a la par sus hazañas en el baile y sus encuentros amorosos con Céfiro, y preguntándose cómo había sido posible que ella, la más voluntariosa y valiente de las ninfas de los ríos y las lagunas,  la que había conquistado el mar en un sacrificio perenne, hubiera caído, vulnerable e indefensa, en las desventuras del amor, dejándose inocular aquella tristeza que, como negros peces depredadores, podía ver ocupando cada rescoldo de su existencia y haciéndola presa de  la corrosiva desolación que la estaba embargando de cabeza a pies.


O. Moré
2016