lunes, 24 de febrero de 2020

Poniendo el acento.

Poniendo el acento



Siempre, cuando me deleito leyendo poesía, sobre todo poesía rimada del Siglo de Oro español o, más reciente, de los siglos XIX y XX, no deja de sorprenderme el esmerado trabajo de los poetas para alcanzar esa cadencia, ese ritmo perfecto que hace que el verso fluya como si fuera música. Gran culpa de ello lo tienen los acentos, los cuales, colocados de manera estratégica, dotan al verso del ritmo necesario, aunque no son ellos los únicos, hay otros elementos constitutivos, que veremos más adelante, que también son parte de este fenómeno.  No obstante, son los acentos, atendiendo a su posición, los que determinarán el tipo de ritmo: trocaico (óo), yámbico (oó), dactílico (óoo), anfibráquico (oóo) o anapéstico (ooó), si utilizamos para su clasificación el sistema de cláusulas rítmicas de Andrés Bello. Este sistema de Bello se basa en la nomenclatura de la métrica latina. La poesía latina se regía por un sistema de cláusulas (o pies) compuesto de sílabas largas y cortas, llamado cuantitativo, que poco tiene que ver con la versificación castellana, que es acentual. Aún así, algunos preceptistas y estudiosos han desarrollado diferentes métodos para analizar el ritmo tomando como referencia el sistema clásico latino, de ahí estas cláusulas bisílabas y trisílabas (encerradas entre paréntesis que he mostrado arriba) de Andrés Bello.
Clasificar o analizar un verso atendiendo a su ritmo es algo complicado, al menos para mí, y eso que el sistema musical provisto de anacrusis, propuesto por Tomás Navarro Tomás, es quizás el menos farragoso, menos que el de análisis binario de Balbín y el de cláusulas rítmicas de Andrés Bello, ya explicado en el párrafo anterior. Aún así, no logro (de momento) hacerlo correctamente. Pero no es al poeta al que le corresponde hacer clasificaciones, para eso están los tratadistas, los estudiosos y teóricos, el poeta sólo ha de crear, eso sí, no a su libre albedrío (recuerden, estamos hablando del verso regular, el compuesto de rima y métrica, no del verso libre o irregular) y, para ello, hay que  regirse por las preceptivas ya instauradas, aquellas de las que dan fe, por ejemplo: Antonio Quilis en su Métrica Española, el ya mencionado Tomás Navarro Tomás en Arte del Verso o José Domínguez Caparrós en su Métrica Española, por sólo citar algunos ejemplos. Pero, a qué viene todo este prolegómeno, pues a razón de que he observado que muchísima gente que se autodenomina poeta acá, en las redes, hace caso omiso del ritmo, del trabajo de “acentuación”, y se dedica, simplemente, a rimar y a tener en cuenta, como segunda tarea, un preciso conteo silábico, o sea, que son del criterio de que con lograr una métrica perfecta ya está todo logrado. Y es una pena, porque sonetos y otras composiciones varias, que destacan por su calidad en cuanto a contenido: discurso, léxico, lirismo, imágenes, metáforas, etc, se ven mermados en su forma por  un ritmo inestable y brusco, ya que el verso está desprovisto de cadencia alguna. Y aunque la estrofa o composición a la que se haya recurrido para escribir el poema no fuera rimada pero, aún así, respondiera a un metro determinado, por ejemplo, como podría ser el caso de un soneto endecasílabo de verso blanco, el trabajo con los acentos es igual de necesario. 

Recuerdo que cuando no era muy ducho en lo de acentuar, lo hacía algunas veces de oído (si se me permite el término) y otras por imitación, y me funcionaba, pero no siempre, pues, por lo general,  algún acento me quedaba mal colocado. Fue en el foro poético Ultraversal donde me dieron las pautas para hacerlo correctamente, entonces, a partir de ahí, mis versos comenzaron a fluir con la cadencia, la musicalidad y el ritmo que yo anhelaba (aunque aún no he logrado domarlos del todo); luego seguí estudiando, de manera autodidacta, estos recursos aprendidos en Ultraversal, recurriendo a la bibliografía: Quilis, Bello, Caparrós, Tomás, Torre, etc.

Y es que un poema con sus versos mal acentuados es un poema con un ritmo caótico, es como una carretera llena de baches y obstáculos, se transita por él a trompicones. O, es también, como me dijo una buena amiga y poeta una vez, un poema que chirría, que hace daño al oído.

Pero, a todas estas, ¿qué es el ritmo?: “es la recurrencia seriada de un determinado intervalo de tiempo o grupo de intervalos de tiempo, señalada por sonidos, movimientos orgánicos,” etc,” según Seymour Chatman, o, lo que es lo mismo, en voz de Andrés Bello: “una simetría de tiempos señalada por accidentes perceptibles al oído”, como es el caso del acento.

¿Cuáles son los elementos constitutivos de la objetivación lingüística del ritmo en el idioma español, además del acento? Pues tal como hace constar Domínguez Caparrós son: “... la pausa, el número de sílabas métricas y la correspondencia del timbre que llamamos rima.”

Para Pedro Henríquez Ureña, uno de los más grandes humanistas y estudiosos que ha dado latinoamérica, en su ensayo “En busca del verso puro”, en un apartado refiriéndose al ritmo nos dice:

“El verso, en su esencia invariable a través de todos los idiomas y de todos los tiempos, como grupo de fonemas, como agrupación de sonidos, obedece sólo a una ley rítmica primaria: la de la repetición. El verso, es sencillez pura, es unidad rítmica porque se repite y forma series: para formar series, las unidades pueden ser semejantes o desemejantes.”

Y nos dice en otro ensayo sobre poesía mexicana: “Siendo el ritmo la ley de la métrica, toda combinación de versos ha de someterse a esa ley.”

Y es el acento uno de los principales factores constitutivos de de esa ley rítmica. Domínguez Caparrós en su Métrica Española afirma que: “El acento es elemento fundamental del ritmo del verso, hasta el punto que los factores que definen el esquema (el metro) de las principales clases de versos, como se verá, son el número de sílabas y el número y lugar de los acentos.”

Hemos de recordar, además, que son tres los tipos de acento en el verso: rítmico, extrarrítmico y antirrítmico.

Rítmico: Es aquel que exige el esquema métrico. Siempre será rítmico el acento final del verso en penúltima sílaba y aquellos acentos interiores que el patrón métrico escogido indique, por ejemplo, si es un endecasílabo sáfico ha de tener acentos obligados en cuarta, octava y, por ende, en décima sílabas.

Extrarrítmico: Es aquel que no está exigido por el modelo del verso y no está en posición inmediata al acento rítmico.
Antirrítmico: Es el que está situado inmediatamente a un acento rítmico.

En cualquier verso que esté sujeto a métrica es de vital importancia (sea la estrofa que sea) que conste de sus acentos  respectivos, sobre todo en los de arte mayor. Y aunque no hay norma establecida y no son obligatorios los acentos interiores en los versos de arte menor, no implica que, en este tipo de verso, no podamos jugar, si queremos, con las posibilidades rítmicas que los acentos nos proporcionan. Veamos este ejemplo de heptasílabos de Zorrilla en La azucena silvestre, extraído del libro Arte del Verso, de Tomás Navarro Tomás. Los acentos están colocados en las sílabas pares, segunda, cuarta y sexta, el ritmo es trocaico: o óo óo óo, si empleamos el sistema de clasificación, del propio Navarro Tomás, con anacrusis; si lo hiciéramos con el de Bello, la clasificación sería distinta.


Quedóse el penitente                    
al borde de la roca,             
sentado, sin aliento,
sin voz ni voluntad,
sumido en amargura,
y por su mente loca
rodaban las ideas
en ronca tempestad.

Lo mismo en un octosílabo. Veamos este fragmento del romance Príncipe y rey, también de Zorrilla. Se trata de un octosílabo dactílico (según Navarro Tomás) de la variedad polirrítmica:
 óoo óoo óo.

Es un estrecho camino
do entre la arena menuda
brota a pedazos un césped
que el caminar dificulta,
y por entrambos sus lindes
nacen sus ásperas puntas
zarzas que guardan con ellas
frutos que nunca maduran.

Pongamos ahora un ejemplo de un verso endecasílabo, que es donde con más asiduidad he visto esas rimas “chirriantes”. Lo tomo prestado, igualmente, del libro de Navarro Tomás; es un fragmento de Pórtico, de Rubén Darío. En este caso es un endecasílabo dactílico, acentos en primera, cuarta, séptima y décima sílabas: óoo óoo óoo óo.

Libre la frente que el casco rehusa,
casi desnuda en la gloria del día,
alza su tirso de rosas la musa
bajo el gran sol de la eterna Harmonía.

He querido poner también un ejemplo de octosílabo ya que él y el endecasílabo son los metros más representativos de la versificación española, los más populares y los más usados. El octosílabo es autóctono mas el endecasílabo es importado de Italia. Hay una gran variedad de endecasílabos, unos con un mayor uso y otros con menos, pero todos tienen esa musicalidad especial y contagiosa que los hace comparables, desde este punto de vista, con los octosílabos. Son metros que, bien trabajados, nunca decepcionan, porque imprimen al verso ese compás rítmico tan agradable al oído. Pero recuerden, en el octosílabo ni en ningún otro metro de arte menor hay obligación de acentuar, esto queda al criterio del poeta. Estos metros de arte menor ya de por sí, por su brevedad, tienen un ritmo bastante marcado. En los de arte mayor, como es el caso del endecasílabo, sí que es de absoluta obligatoriedad el trabajo con los acentos. Y me gustaría ahondar un poquito más en este metro porque, como he dicho antes, es donde más problemas de ritmo he visto ya que,  precisamente, es el más usado.

Para Pedro Henríquez Ureña, que dedicó varios ensayos al endecasílabo, éste era sin duda el verso por excelencia clásico en las literaturas castellana y portuguesa, tanto como lo era en la tierra natal de este metro, la italiana. Para él, el secreto del mismo estaba en ser el único verso mayor de ocho sílabas, de la lengua castellana, que “suena a nuestros oídos como simple, como unidad perfecta”.

Dámaso Alonso también cantó a las bondades de este metro en su famoso ensayo Elogio del Endecasílabo:

Y llegaba ahora, por fin, de Italia el endecasílabo, el instrumento de Guido Cavalcanti y de Lapo Gianni, de Dante y del Petrarca, criatura perfecta ya, y siempre virginal, cítara y arpa, dulce violín de musical madera conmovida. ¿Qué ángel matizó la sabia alternancia de los acentos, la grave voz recurrente de la sexta sílaba, o los dos golpes contrastados de la cuarta y la octava, en el modo sáfico?”

Volviendo con Henríquez Ureña, a pesar de esa gran variedad de endecasílabos que existen y que comentaba antes, para el insigne dominicano, tal como para Dámaso Alonso,  dos únicas formas eran las típicas, la yámbica (también llamada heroica) y la sáfica. La yámbica con su acento rítmico en la sílaba central, o sea en sexta, y el obligado en décima, y la sáfica con los acentos en cuarta, octava y, por supuesto, en décima. Aunque aceptaba de cierto modo el dactílico, el provenzal y las innovaciones métricas modernistas, etc, él creía que sólo estas dos formas eran las más importantes. Era del criterio de que ambas maneras sonaban igual al oído y se podían combinar perfectamente.

Pero muchos otros tratadistas y estudiosos  dan fe de hasta veintitantas formas de endecasílabos.
Por la red pueden encontrar la  famosa tabla clasificatoria del filósofo, escritor y crítico literario chileno del siglo XVIII, don Eduardo de la Barra Lastarria (1839-1900), donde aparecen además de los heroicos y los sáficos, los dactílicos, los melódicos, los enfáticos, los de gaita gallega, etc.

Os pongo unos cuantos ejemplos de los considerados correctos:

Heroico puro, propio, trocaico o yámbico 2º, 6º, 10º

Heroico pleno 2º, 4º, 6º, 8º, 10º

Heroico corto 2º, 4º, 6º, 10º

Heroico largo 2º, 6º, 8º, 10º

Melódico puro o propio clásico 3º, 6º, 10º

Melódico largo 3º, 6º, 8º, 10º

Sáfico puro o impropio 4º, 8º, 10º

Sáfico puro pleno 1º, 4º, 8º, 10º

Sáfico pleno 1º, 4º, 6º, 8º, 10º

Sáfico corto 4º, 6º, 10º

Sáfico corto pleno 1º, 4º, 6º, 10º

Sáfico largo 4º, 6º, 8º, 10º

Sáfico largo pleno 2º, 4º, 8º, 10º

Dactílico puro 4º, 7º, 10º

Dactílico pleno o de gaita gallega 1º, 4º, 7º, 10º

Enfático puro, propio o dáctilo-trocaico 1º, 6º, 10º

Vacío puro, propio, italiano o común 6º, 10º

Vacío largo 6º, 8º, 10º


Ahora me gustaría dejaros con varias muetras de acentuación en diferentes metros de arte mayor, para que comprueben cómo, al igual que en el endecasílabo, fluye el ritmo, cómo el verso exuda cadencia por los cuatro costados.

Veamos primero ejemplos de decasílabos. El decasílabo puede ser simple o compuesto. El simple (1) se acentúa en la tercera, la sexta y la novena sílabas. El compuesto (2) consta de dos hemistiquios pentasilábicos acentuados en cuarta sílaba cada uno y con cesura entre ambos, claro está.


(1)

Se acabaron los días divinos
de la danza delante del mar
y pasaron las siestas del viento
con aroma de polen y sal.

Gabriela Mistral

En el siguiente cuadro pueden observar los acentos rítmicos del verso coloreados en azul.  En línea discontinua roja la sinalefa y en línea discontinua verde la sinéresis del primer verso y las diéresis del tercero que, en este caso, coinciden con lo acentos.


(2)

De orgullo olímpico // sois el resumen,
oh, blancas urnas // de la armonía.
Ebúrneas joyas // que anima un numen
con su celeste // melancolía.

Rubén Darío

(Recuerden que en los hemistiquios se aplican las mismas leyes de final de verso. En este caso, en el primer hemistiquio del primer verso, al acabar en palabra proparoxítona (esdrújula),  se resta una sílaba)

Veamos un ejemplo de verso dodecasílabo, dentro de sus variedades hemos escogido el de ritmo trocaico con hemistiquios hexasílabos. Acentos en primera y quinta sílabas de cada hemistiquio: óo oo óo // óo oo óo.

sus curvados dedos // al mover ligeras
como leves armas // de traidores filos,
tejen las arañas // cual las hilanderas
sus hamacas tenues // de irisados hilos.

Salvador Rueda (Las arañas y las estrellas)

Por último veamos un alejandrino. Recurrimos a la archiconocida Sonatina de Rubén Darío. Es un alejandrino dactílico con dos hemistiquios heptasílabos acentuados en tercera y sexta sílaba de cada uno: oo ó oo óo // oo ó oo óo. También lo hemos tomado de Arte del verso de Navarro Tomás.

La princesa está triste // ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan // de su boca de fresa
que ha perdido la risa, // que ha perdido el color.
La princesa está pálida // en su silla de oro,
está mudo el teclado // de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada // se desmaya una flor.

Rubén Darío

Bueno, espero que toda esta verborrea os sea de alguna ayuda. Escribir un soneto, un romance heroico, una cuaderna vía, un pareado, un sexteto encadenado, una décima endecasílaba o cualquier otra estrofa de la versificación castellana, no es solamente rimar, no es solamente cuidar la métrica, es también saber acentuar, para que el verso sea agradable al oído, para que sea música, para que tenga ritmo.  

Os toca ahora, a vosotros, poner el acento.

O. Moré / 2020






domingo, 19 de enero de 2020

yo en el nuevo número de ARTEPOLI

El próximo día 24, en el Centro Cívico de la Barceloneta, como actividad colateral a la Expo Herederos de Hauey, presentación del nuevo número de la Revista Artepoli. Acá, a modo de avance, una muestra de mis artículos.

la revista en su totalidad en este enlace   ARTEPOLI 25





viernes, 17 de enero de 2020

Yo, en el Narratorio

Gracias a EL NARRATORIO por la deferencia de haber escogido mi relato EL EDECÁN para su publicación. Orgulloso de poder abrir el nuevo número (47) de este año que recién estrenamos y poder compartir espacio con todos los talentosos "cuenteros" iberoamericanos que en él aparecen. Me falta aún mucho oficio, pero ahí voy, pasito a pasito. Espero les agrade el relato. Un servidor en la página 7 bajo el seudónimo artistico de Ovidio Moré.😄

 Clicar en este enlace de abajo:





martes, 14 de enero de 2020

HEREDEROS DE HATUEY (INAUGURACIÓN) 9 DE ENERO 2020

El día 9, a los pies del Mediterráneo de Serrat, inauguramos la Expo de artistas cubanos "HEREDEROS DE HATUEY", en el Centre Cívic Barceloneta. Ha sido un privilegio compartir galería con grandes exponentes del arte contemporáneo de Cuba. Gracias a todos los asistentes por dedicar un poco de su tiempo en acompañarnos. Gracias a Acción Cultural Eclética por la confianza. Gracias al Centre Cívic por la oportunidad. Gracias a Odalys Hernandez Fernandez, Tanita Morena, Yoandry Cáceres Rivero, Jorge Mata Arte Cubano, Jorge Luis Legra, Pablo Quert Alvarez, Abenamar Bauta, Rigo, Angel Alonso, Dogny Abreu, Jorge Delgado y Yalain Falcón. Fue una velada extraordinaria.


HEREDEROS DE HATUEY (HASTA EL 31 DE ENERO)


 HATUEY

Indio, mestizo, que asoma
su cabellera azabache
y con mayúscula H
absorbe el llano y la loma.
Allí, donde el sol se doma
cuando besa el mar Caribe,
allí este indio describe
de su ínsula heredada
su idiosincrasia, pintada,
y con orgullo la exhibe.


Sin siquiera ser cubano
es signo de rebeldía
y de eterna cubanía
este cacique insulano.
Hoy sus hijos con la mano
del arte también sublevan
la pintura con que elevan
sus aborígenes genes
plasmando males y bienes
que a la plástica renuevan.



O. MORÉ











































Los artistas participantes