domingo, 13 de julio de 2014

Del Cisne, el Fenix y otras Aves.

Un soneto pasado por el tamiz de lo aprendido en Ultraversal; otro nuevo, huérfano de rima (me ha costado una barbaridad, porque la rima en mí es innata) y un hermoso texto de un grande de la literatura de mi país, Virgilio Piñera, poeta, narrador, ensayista y dramaturgo. Un adelantado para su época. Mucho antes que Ionesco se hiciera célebre con su teatro del absurdo,Virgilio ya había incursionado en él  con "Falsa Alarma" de 1949.
Recurro a viejos dibujos míos, que sé que ya  conocían, pero creo que ilustran acertadamente los textos.
Abrazos a todos, y gracias por la lectura.

Leda y el Cisne / O. Moré / Matanzas / CUBA


Súplica del cisne


L’ essentiel est invisible pour les yeux.
Antoine de Saint-Exupéry


Ven, busca más allá de este plumaje,
no observes  sólo el cuerpo de ave impura,
descubre al Dios que habita en mi espesura,
que de alma y corazón es mi  equipaje.

Yo soy como este lago en cuyo encaje
de espejos cristalinos la locura
nunca viste de líquida amargura
pues prefiere de lotos su ropaje.

No importa si ave soy o soy humano,
no importa ni mi estirpe ni mi raza,
sólo importa que vibres en mi mano.

Encuentra, Leda, encuentra en mi coraza
la fisura hacia el centro, hacia lo arcano,
que soy tierno y viril, y no amenaza.


La agonía del cisne / O. Moré / Matanzas / CUBA




Pavor del Fénix


Por qué vuelve el espanto con sus voces,
y con sutil semblanza de ave muerta
consigue desnudarme en el exilio
sin saber qué naufragios me vencieron.

A qué hora he de darme por ausente,
 en qué noche de ilusas pretensiones;
si soy carne contrita,  soy despojo,
bucólico animal,  agua estancada;

un aprendiz, empírico  escribano,
que busca renacer de las cenizas
sin virtudes de pájaro de fuego.

Por qué vuelve el espanto, si las sombras
hace tiempo emigraron a otro mundo
que olvidé anhelante tras la espalda.


Viñeta de O. Moré / Matanzas / CUBA




Muerte de las aves

del libro de cuentos CUENTOS FRÍOS de Virgilio Piñera 

De la reciente hecatombe de las aves existen dos versiones: una, la del suicidio en masa; la otra, la súbita rarificación de la atmósfera. La primera versión es insostenible. Que todas las aves —del cóndor al colibrí— levantaran el vuelo —con las consiguientes diferencias de altura— a la misma hora —las doce meridiano—, deja ver dos cosas; o bien obedecieron a una intimación, o bien tomaron el acuerdo de cernirse en los aires para precipitarse en tierra. La lógica más elemental nos advierte que no está en poder del hombre obrar tal intimación; en cuanto a las aves, dotarlas de razón es todo un desatino de la razón. La segunda versión tendrá que ser desechada. De haber estado rarificada la atmósfera, habrían muerto sólo las aves que volaban en ese momento. Todavía hay una tercera versión, pero tan falaz que no resiste el análisis; una epizootia, de origen desconocido, las habría hecho más pesadas que el aire. Toda versión es inefable y todo hecho es tangible. En el escoliasta hay un eterno aspirante a demiurgo. Su soberbia es castigada con la tautología. El único modo de escapar al hecho ineluctable de la muerte en masa de las aves, seria imaginar que hemos presenciado la hecatombe durante un sueño. Pero no nos sería dable interpretarlo, puesto que no sería un sueño verdadero. Sólo nos queda el hecho consumado. Con nuestros ojos las miramos muertas sobre la tierra. Más que el terror que nos procura la hecatombe, nos llena de pavor la imposibilidad de hallar una explicación a tan monstruoso hecho. Nuestros pies se enredan entre el abatido plumaje de tantos millones de aves. De pronto todas ellas, como en un crepitar de llamas, levantan el vuelo. La ficción del escritor, al borrar el hecho, les devuelve la vida. Y sólo con la muerte de la literatura volverían a caer abatidas en tierra. 

Virgilio Piñera 

                 (Cárdenas1912 - La Habana1979).