jueves, 6 de marzo de 2014

CASA

La CASA es un tema recurrente en mi poesía, la casa como alegoría de patria (léase hogar, ciudad, país, cuerpo, refugio, familia) como lo son, también, el agua o los elementos marinos. No son obsesiones gratuitas, son obsesiones necesarias, las  paredes donde este isleño emigrante se resguarda de la añoranza.
Aquí les dejo con dos poemas en que la CASA se convierte en  metáfora de todas esas lecturas que apuntaba anteriormente.


Viñeta del autor


Casa de sal y de abismos

Casa de sal sobre el agua,
encaje disperso que hiere
el azul y le confiere
faz de vívida tatagua.
Casa leve que se frágua
sin luz en oleaje muerto,
barca y velamen abierto
a merced de peces mudos.
Casa sin lanzas ni escudos
en océano desierto.

Casa de abismos hirientes
con paredes apagadas,
refugio de verdes hadas
y de duendes penitentes.
Se alzan flores disidentes
en las sombras de la noche.
Y tras un mustio reproche
en la habitación dormida,
se escapa inerte la vida
del tímido y del fantoche.







Tatagua: Mariposa nocturna cubana de gran tamaño y color oscuro.
Es común verlas en los hogares campesinos. En mi casa, en Cuba, de vez en cuando encontrábamos alguna posada en la pared, como si fuera un elemento decorativo más. También se les conoce como Brujas. Pueden alcanzar dimensiones realmente gigantescas, comparadas con las mariposas comunes, claro está.


CASA



No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.
MARIO BENEDETTI


En esta casa el cielo abunda,
se deja arrastrar a los rincones,
se deshace y vuelve.
Sus nubes se sientan a la mesa
y no podemos
palidecer por su blancura.
En esta casa las semillas nacen,
al silencio lo hemos enterrado en una urna,
el reloj de la pared suena a las cinco
cuando del techo bajan las arañas
y la ronda del pecado se anuncia en los cuartos.
En esta casa el perro no ladra,
se muerde la cola de tela coloreada
y no da vueltas para acostar su cuerpo,
sólo nos mira y apaga las luces.
En esta casa el tiempo se ha dormido.
Aunque parezca extraño
el sudor del día no moja el suelo
y los elefantes cuidan de no orinar en la sala.
Se reparte la ansiedad a pedacitos,
para las buenas ocasiones se comen cartas,
que vienen de lejos, de donde no he ido.
En esta casa sobra la hierba,
tan verde como pueda imaginarse,
se expande por las paredes y por el techo
y luego se derrama en nuestras camas.
No hay vigías ni embusteros, sólo un gorrión
se posa en la lámpara.
Tomamos baños de lluvia todos los lunes
y, por si fuera poco, hacemos versos.


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