𝐋𝐢𝐭𝐮𝐫𝐠𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐜𝐞𝐫𝐭𝐢𝐝𝐮𝐦𝐛𝐫𝐞
𝙻𝚊 𝚕𝚞𝚣 𝚗𝚘 𝚋𝚊𝚜𝚝𝚊
𝑱𝒐𝒔é Á𝒏𝒈𝒆𝒍 𝑽𝒂𝒍𝒆𝒏𝒕𝒆
En la pupila azul de la noche
y en el fruto de una tardía estrella,
el miedo se paseaba como un tirano;
la casa, acometida por los designios,
estoica, aguantaba el latigazo oscuro.
Yo, hambriento de verdad y de liturgia,
sobre una cama leve y escarchada,
bebía de la incertidumbre en silencio.
El peso de la desolación caía como un manto
que nunca fue guarida ni amparo.
Apenas una luz, una chispa de luz,
entre la puerta y el suelo, entraba y luego
se escapaba hacia el país de lo imposible:
isla de la isla dentro de la isla.
Quería despertar con un verso tibio en los labios,
pero un muro pétreo y gris, alto y huesudo,
se alzaba iracundo a mi alrededor.
El poema de la luz se quedó en mi estómago;
el ácido lo corroyó poco a poco.
De igual manera, la verdad nunca encuentra la fuga.
O. Moré ® 31/1/26

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