Partida
Me tocó un día después
que regresaron los muertos,
venían ceñidos en franjas blancas y azules,
venían del hielo eterno
a la calidez de las lágrimas.
Me tocó un día después y fue tan triste,
no por mí, sino por ellos.
Dicen que estaré aquí para que coma pan la mariposa,
para que la cobra repte feliz en las arenas
y el niño juegue en el lodo
con sus duendes ancestrales.
Eso dicen... y quizás sea cierto,
pero volé porque mis alas
querían expandirse,
porque mi sangre también es numerosa,
porque como el de el anillo de acero
tengo fe en el prójimo,
porque llevo mis propios dioses interiores
y no necesito de dioses supremos
que me inciten a la batalla,
aunque quien me parió una tarde de verano
estará triste por mi ausencia.
Viaje
El tic tac está a tiempo.
No tengo la camisa de aire,
no tengo el equilibrio de arlequín
ni modo alguno de asirme al fuego.
La mañana está cortada, abierta,
y las flores se asustan a mi paso,
como si mi vuelo fuera el de no volver.
El columpio dejó de oscilar,
los estuches se cerraron,
tal parece que el último chivito
no podrá esconderse.
Llegaré y escaparé en una gacela,
entonces mi torso de antílope
dará de que hablar a los mercaderes.
No seré el reyecito de las minas,
pero algo de metal precioso
estará inaugurando cavernas en mi cuerpo.
Allí estaremos todos los felices,
todos los tristes y los amargos.
No tendré el mágico anillo,
los lentes de Lennon, el dibujo de Chagal
para pastar de vez en cuando.
Sólo fumaré de la pipa del olvido
cuando mejor me parezca.
Termómetro
Algunas cosas quedaron en la casa,
cosas materiales, cosas sin la mínima importancia,
pero sobre todo un silencio frío.
El mundo se dividió sin mi lámpara
y mi cuarto, más oscuro,
se escurrió dentro de mis ojos.
Volví a palidecer.
El surco que dejé abonado
tuvo sus ráfagas y sus ventiscas,
estuvo tan de trueno
que la esperanza, como el camaleón,
se fue dejando vestir de otros colores.
En mi puerta, por la mañana,
apareció un letrero de azogue.
Nuevo héroe
Se escapa por el aire y su estrechez pesa,
ave que retardó su vuelo
y al que cortaron las alas.
Anunciaron su llegada en las catedrales.
Su distancia es una perla hundida en el océano.
En su lapidario las letras repujadas
estallan en el mármol.
Él no estaba hecho para lágrimas
y allí plantarán una bandera.
Luego escaparemos nosotros también,
y recorreremos sus silencios,
para que perdure el brillo
de su estrella en nuestras manos.
Pan del desayuno
En la vieja casaca el polvo estaba desnudo,
sus alaridos regaron el cuarto,
todos sus alaridos me rondaron
hasta apresarme en una espiral húmeda.
Mi cuerpo recordó al Dios de La Guerra
y a todo su mundo neblinoso y amargo.
Los redobles del tambor estaban en mi oído,
la larga fila caminaba hacia la muerte,
entonces banderas y estandartes
brillaron a la luz de los himnos,
hasta que se perdieron tras el polvo.
Cuando esta visión rasgaba mi pupila
aquel niño más negro que la noche
me pedía el trozo de pan del desayuno.
Legado
La tierra prometida está en mitad de las aguas,
el viento la circunda
y me trae su olor a espuma, a selva, a piel negra.
Allí estará “la pupila insomne” de Rubén,
con su finísima luz de héroe y de mártir,
que nos llama a ser los riachuelos de su sangre,
la continuidad de su estirpe,
para que podamos partir el agua
y regresar
con destellos en el pecho.
Autorretrato del Soldado
Yo soy ese sonámbulo que va haciendo giros grotescos,
que se asusta al paso de la lechuza
y cae en un silencio veloz que se atraviesa.
Mi carne, de espejos agrietados,
se resbala misteriosa en la luz final del sueño.
Yo soy esa catarsis de la espera.
Mi voz, como los Gnomos, salta sin descuidos,
y la música más sencilla se encierra en mis manos,
las hace volar sobre las minas,
esas minas que inauguraron mi cuerpo
cuando hube de faltarle a la casa y a los besos de mi
madre.
Foto X
Sentí un frío glacial
y luego esa gota de agua en la espalda.
Sentí mi mirada perdida,
mis ojos perdidos en el ojo de su mundo.
Abierta en el papel, crucificada, sedienta de savia,
no podía ver que yo quería morir por ella,
que quise vomitar el fuego de muchos días
y sólo logré el ligero placer de una estocada.
Luanda, 1989 a 1991