lunes, 23 de diciembre de 2013

Espinelas de la Realidad y la Utopía (Fragmentos 1)

Ilustración: Graciela Bello (Argentina)





      Ayer fui un saco de huesos,
hoy soy carne de cañón.
La vida cuesta un riñón
y allí se alquilan los besos.
Del consumo estamos presos,
ni capital ni comuna.
El futuro está en la luna,
distante, opaca y muy fría.
La quimera es agonía
y la agonía es hambruna.

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El cuento de la serpiente
que va y se muerde la cola.
El poeta y la pistola
que dispara un verso ardiente.
Cuento lejano de oriente:
hombres bombas, religión,
vírgenes de la ablación.
talibanes, metralletas,
huérfanos con sus cometas,
déspotas, lapidación.

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Por qué está el sol apagado,
por qué el invierno me abraza,
por qué llevar la coraza
de corcel recién domado.
Porqué he de estar yo callado
ante tanta ineptitud.
Por qué de mi juventud
no queda más que la bruma.
Por qué me resta y no suma
esta perenne inquietud.

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Aguas que llegan de prisa
a mojar el campo yerto,
mejor besad el desierto
que está bajo mi camisa.
Borrad la marca de tiza
que me dejó el infortunio.
Domad este plenilunio
que se agita en mi garganta.
Saciad la sed que me espanta
sea abril o sea junio.

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Esa punzada que siento
tras la piel, en el abdomen;
necesito que la domen,
pues es fiera y es tormento.
En sus garras esperpento
soy, títere, marioneta,
una sombra, una silueta
en la pared de este día,
borrándose en la agonía,
degradando la paleta.

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Me fui de un mundo dormido,
yo, Morfeo de la espuma,
escapando de la bruma
y del humo del olvido.
Más todo lo que he vivido
en la utopía del viento,
no ha servido de cimiento
para sembrar nuevos sueños;
sólo quedaron pequeños
retales de pensamiento.

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Si alguna vez dije espejos,
si alguna vez dije lluvia,
si alguna vez dije Nubia,
 fue porque estaba muy lejos.
Si alguna vez: catalejos,
si alguna vez: isla y mar,
fue que el hecho de emigrar
me sembraba en otra tierra.
Si alguna vez dije: hierra:
Yo era un potro sin domar.

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Si vas a cruzar el puente
sobre el río de la euforia,
nunca pierdas la memoria,
ten despejada la frente.
Ve despacio, el impaciente
suele caerse al vacío
y ahogarse en el propio río
de esa euforia repentina.
Escapar de la rutina
lleva esfuerzo y poderío.