domingo, 10 de mayo de 2026

Colaboraciones


A propósito de mi colaboración en el libro de Vigil-Escalera, que posteaba ayer, me estuve preguntando cuántas de este tipo de colaboraciones tenía. Cuando me puse a pensar, me di cuenta de que eran bastantes y sentí un poco de vértigo, no por el trabajo realizado sino por comprobar que tantas personas hubieran confiado en mí para tales menesteres, y eso me llenó de alegría y de orgullo (ahora parezco el rey emérito... Solo me ha faltado decir satisfacción... jijijiji).


Lo primero que hice para un libro ajeno —y que me dio crédito en sus páginas—, fue la ilustración «La maga suspirando en violeta» (acuarela y tinta sobre cartulina), que apareció como foto de perfil en la primera aventura editorial: «La vida es cuento» (2014), de esa grandísima escritora que es Lucía Sugar (seudónimo de Carlota Suárez en aquella lejana época).

Luego, igualmente como ilustrador, y también como poeta, aparecí en «Ultraversal-segunda antología» (2021). Aquí mi dibujo «El duende fabulador» (tinta sobre cartulina) ocupa la portada, y mis versos se pueden encontrar desde la página 197 a la 210.

Posteriormente formaría parte de «Antología de poetas latinoamericanos en Barcelona» (2022), antologada por la sin par Marianela Peña Lora, quien me brindó la posibilidad de estar, por primera vez, presentado un libro en Sant Jordi. Aquí aparezco desde la página 76 a la 90.

Después vendrían mis colaboraciones como editor. El primer libro que edité —y que también ilustré—, fue «Alas y corazón» (2023), la prosa poética de mi querida luna, Montse Pardo González. El segundo sería la novela de mi gran amigo Alberto Peiro Gomariz «Diario de un juguete roto» (2024), con la que tuvimos la suerte de viajar a la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. En este libro, el prólogo es también de mi autoría. El tercero fue «Poesía en revuelo: miradas feministas» (2025), de Marianela Peña Lora.

En el 2023 aparezco reseñado como artista plástico en el libro de Angel Alonso «Artistas con mayúsculas» (páginas de la 124 a la 126), donde encontarán tres dibujos a tinta salidos de la impronta de mis manos. En el año 2024, de nuevo por cortesía de Ángel Alonso, formo parte del libro «Travesía en chivichana», pero en esta ocasión como cronista de arte, con sendos artículos: uno sobre la obra de la artista plástica y poeta cubana Odalys Hernandez (pág. 107) y otro sobre la obra de la pintora catalana Ana Novella (pág. 19).

A continuación volvería a mi faceta de ilustrador en el libro de Gabriela González y Alberto Peiro Gomariz: «5 vidas, 5 heridas» (2025), de la editorial Taranná. Aquí aparecen cinco ilustraciones de mi autoría, una por cada historia.

Este año 2026 colaboro con el proemio y con una ilustración en el ya mencionado «El arte entre sombras y verdades», de Goyo Vigil-Escalera, y realizaría la edición sorpresa de la primera novela de fantasía oscura juvenil de mi amiga Elle Ferro, magnifica escritora e ilustradora, quien ha dado vida gráfica a algunas de mis historias cortas y a varios poemas. Su novela lleva por título «Aether».

Pero he de mencionar, además, mis colaboraciones a lo largo de los años, en las revistas «Artépoli». «Ultraversal», «Poesía y métrica», «Arique». «El palacio amarillo», «El Narratorio», «Mitaraka» (desde la Guyana francesa), «Azahar» (desde Conil de la Frontera) y «Poesía con amigos». Actualmente, de todas ellas, solo sigo colaborando con «Artepoli», «Azahar» y con «Poesía con amigos».

Aquí os dejo algunas evidencias gráficas.

Todo el aché sea con vosotros.

























«El arte entre sombras y verdades», de Gregorio Vigil-Escalera.

 



Ya está en mis manos «El arte entre sombras y verdades», del crítico de arte Gregorio Vigil-Escalera, para el cual —por deferencia de Goyo— he escrito el proemio y la contraportada, y en el que aparece, además, un dibujo de mi autoría: «Balada del corazón solitario».
El libro es una maravilla. Tiene una edición exquisita de la mano de la editorial EXXODUS, sello editorial de Ego de Kaska Foundation Inc.
El prólogo lo firma Roger Castillejo Olán y cuenta con las colaboraciones de Angel Alonso y Marta de Olloqui.
Gracias, Goyo, una vez más, por confiar en mí para esta tarea. Todo el aché sea contigo.
¡Viva el arte!
Nota: Como por los derechos de edición y autor, no puedo reproducir nada del interior de este libro, anexo, por ello, una reproducción del dibujo en cuestión que aparece también en mi libro (del que poseo todos los derechos) «El ave del destino», acompañado de su correspondiente soneto.





Sobre El ave del destino.



Hoy, «El ave del destino», un sonetario.

«Estos sonetos quedaron olvidados, heridos por la sombra y la duda, hasta que los rescaté para devolverles la vida que merecían. No sé si son buenos o malos poemas; solo sé que son míos, partos de momentos únicos a los que no puedo ni quiero renunciar.
Si algo de lo que aquí se dice encuentra eco en quien lee, entonces el viaje habrá valido la pena».



El ave del destino
Puedo sentir su filo trascendente
que incorpóreo me ataca y me acorrala…
El ave del destino es una bala,
una roca que rueda en la pendiente.
La siento, aquí, al norte de mi espejo,
ulula agazapada y al acecho.
La siento en la garganta y en el pecho;
me araña con su lívido reflejo.
Siempre sabrás que el ave se encamina
del pasado al presente: que es el nido
del futuro, y a la muerte: su heroína.
De igual forma transito, y lo perdido
se queda tras la puerta, en la vitrina
donde guardo el sabor de lo vivido.
O. Moré.
Palma y colibrí ediciones 2026
Nota: El cuadro de la pared es de mi autoría (el auténtico es más pequeño) y sirvió de inspiración para el soneto homónimo. Ambos dieron pie a este libro.
Este poemario consta, al final, con un apartado ecfrástico, ilustrado con mis dibujos.


Sobre La tragafuegos

 


Hablemos de «La tragafuegos».
He aquí un pequeño compendio de relatos (nueve en total, más una coda jocosa) donde hay de todo, como en botica. El relato que da inicio y título al libro: La tragafuegos, sigue los derroteros del realismo mágico; habla del miedo colectivo ante la fuerza bruta del poder y sobre aquello que parece, pero no es: el consabido dicho de «las apariencias engañan». Y no digo más, para no revelar el secreto de María Rosa y de Lino.
Luego le siguen «Los ángeles castrados»,« Mira pa’llá», « El color del perdón», «Dragón», «Dos sicarios ilustrados», «Delirio», «La purificación de Purificación», «El hijo de Mambrú» y la «Coda jocosa: El alucinado mundo de un alucinado. Gaya y yo (ejercicio lúdico, erótico- festivo). Homenaje al denostado gerundio».
En el prólogo el editor dice:
«Uno de los rasgos más notables del conjunto es su fuerte impronta oral. Varias de estas historias parecen surgir de una tradición narrativa popular en la que los acontecimientos extraordinarios se integran con naturalidad en la vida cotidiana. De ahí que algunos relatos se sitúen en un espacio cercano al mito o al imaginario colectivo, mientras otros se desarrollan desde una perspectiva íntima y psicológica».
Bueno, yo no sé si es para tanto, pero lo que sí sé es que estos relatos nacieron de la impronta, casi del automatismo y que cada uno tomó el derrotero que la fabulación quiso. Algunos fueron escritos de una sentada, y así quedaron. Otros, como por ejemplo, «Los ángeles castrados» o «La purificación de Purificación», pasaron por un proceso de varias reescrituras (no sé si para bien o para mal); llegó un momento en que la cabeza me explotaba y me dije: ¡Hasta aquí, se acabó!
Les dejo con un aperitivo. Así comienza «La tragafuegos».
«El día en que María Rosa se convirtió en ceniza, el pueblo entero se quedó mudo. Como si una epidemia de afasia hubiera atacado a la gente, a las bestias y a los pájaros y nos hubiera metamorfoseado en peces. El cielo se tiñó de un color cárdeno y las nubes de tormenta aparecieron de súbito. Lino Ferreira, el marido de la difunta, subió la cuesta de la loma y se internó en el monte. No supimos más de él hasta el tercer día; las auras tiñosas revoloteaban en círculo sobre las frondas del algarrobo. «Ahí se está pudriendo Lino», dije yo, cuando, por fin, recobramos el habla. Nadie fue a darle cristiana sepultura. Su esqueleto estuvo danzando durante mucho tiempo de la soga con la que se había colgado hasta que las fibras del henequén se pudrieron y el esqueleto cayó a la tierra. Durante años sus huesos estuvieron al pie del árbol, luego, poco a poco, el entorno hizo de las suyas y la osamenta desapareció bajo la hojarasca. Aún hoy, se atisba un pedacito del cráneo.
Era lógico que María Rosa acabara convertida en ceniza, le encantaba «jugar con fuego», provocar. Lino se lo advertía una y otra vez»
*******
Ya lo saben, si les gustan los relatos, aquí tienen , incluyendo la coda, diez opciones.


martes, 5 de mayo de 2026

Sobre «Las repeticiones», mi novela recién publicada.



Hablemos de «Las repeticiones». Esta novelita, con cuerpo de culebrón latinoamericano y cierto tufo a folletín decimonónico, es un homenaje —entre muchas otras cosas— al melodrama, en especial a «La dama de las camelias», de Alejandro Dumas (hijo). Sí, porque no solo de Cortázar, Bolaño, Lezama o Borges vive el hombre. Yo, este escritorzuelo de tres al cuarto que desde los cinco años fagocita libros, soy amante del denostado melodrama (no confundir con la novela rosa; no tengo nada en contra de ella, pero no está entre mis gustos literarios). Creo que el melodrama es un gran entretenimiento —como toda la cultura pop— y ofrece placenteras horas de lectura en las que no hace falta echar humo por las orejas ni derretirse el cerebro buscando el intríngulis metafísico.
«Las repeticiones» es, además, utilizando la exageración melodramática, el realismo mágico, el coloquialismo con su deje costumbrista y una pizca de fantasía, un pretexto para hablar de ciertas miserias humanas: el abuso de poder, la falsa y doble moral, las traiciones, la homofobia, el acoso escolar, el racismo y otras que no menciono porque desvelarían algunos secretos de la novela.
Está escrita de manera sencilla, sin grandilocuencias ni fastuosidades. La empecé hace casi veinte años y la dejé inconclusa. El año pasado la retomé y cerré todas las tramas. La novela es un uróboro, un círculo en el que situaciones, amores, tragedias y otros ingredientes típicos del género se repiten de cierta manera: no iguales, sino parecidas. También se repiten personajes (gemelos) y nombres propios. La idea para esta historia me surgió después de leer «El tiempo circular», de Jorge Luis Borges, y de esta frase en particular:
«Arribo al tercer modo de interpretar las eternas repeticiones: el menos pavoroso y melodramático, pero también el único imaginable. Quiero decir la concepción de ciclos similares, no idénticos.»
Es una novela coral, con muchísimos personajes y una estructura algo compleja. Son capítulos cortos; quizá el más largo tenga cinco páginas. En esta novela el tiempo transcurre de manera diferente, aunque usted, lector, no lo note porque queda atrapado en la «suspensión de la incredulidad». Transcurre en varias épocas y en dos localizaciones: La Isla y El Continente.
¿Es una gran novela? Pues no; tendrá defectos a punta pala, como dicen por ahí. ¿Es entretenida? Creo que sí (la recomendación viene de muy cerca). Yo disfruté muchísimo escribiéndola y espero que usted, futuro lector, también la disfrute. Ha tenido unos cuantos lectores beta: a algunos les ha gustado, a otros no tanto; piensan que aún había más chicha que dar y que me quedé rascando la superficie. Bueno, yo llegué hasta donde pude; mi poder fabulatorio no da para más.
Hice una edición rápida para presentar en Sant Jordi y se me escaparon algunos errores y gazapos ortotipográficos. Creo que lo más gordo ha quedado solucionado, pero seguramente alguno de esos, que son muy sibilinos, logró pasar desapercibido. No lo tengan en cuenta. Degusten las disímiles tramas. Todas, como buen melodrama que se precie, acaban bien para los buenos y mal para los malos.
¡Bienvenidos a Las repeticiones!
Ovidio Moré ® 4/5/26



jueves, 30 de abril de 2026

Décima Lúdica


 
Llegó el que faltaba.
 
De asnos y disparates,
de canes y de mujeres,
de guajiros y placeres,
de epidermis y de orates.
De versos y malos vates,
de mediocres y altaneros,
de poetas farfulleros,
de mi tufo a literato,
de mi espejo y mi retrato
y de números enteros.
 
 
De todo eso —y más— va Décima Lúdica.
Espinelas que he escrito durante muchos años, de carácter humorístico, sarcástico, irónico y, por supuesto, lúdico.
(¡Ah, qué hermoso cuarteto esdrújulo!)
 
Espero que sea de vuestro agrado.