sábado, 17 de abril de 2010

Caos

Primero Caos, y del Caos salió, impoluta, Gea. Luego llegaron Eros y Tártaro. Sí, primigeniamente fueron ellos, y de ellos nació toda la constelación de Dioses Mayores y Dioses Olímpicos. Por últimos los humanos, los esclavos.
Y cuando Zeus se estableció como dueño supremo del Olimpo los humanos comenzaron a padecer todas las desgracias.

Así fue, según cuenta la mitología griega. Pero, en Egipto, tenemos a un émulo de Zeus, el gran Ra. De igual manera Ra está rodeado de grandes divinidades que, como dioses del más allá todopoderoso, gobiernan a diestra y siniestra sobre los humanos, los esclavos.

Los dioses son todos iguales. Aquí, en la pirámide, lo sabemos bien. Nada bueno se puede esperar de ellos porque, siempre, pero siempre, nos tratarán como a lo que a sus ojos somos, burdos esclavos.

Ves, al final, siempre esclavos.

Estamos subyugados por los siglos de los siglos.

La libertad, la verdadera, es una imagen, una abstracción, una metáfora, una quimera, un puntito ínfimo de luz perdido en ese enorme agujero negro que es Caos, que es el caos.

Primero fue Caos y seguirá siendo Caos, y el caos.

lunes, 12 de abril de 2010

Fumando Espera / Tren del Recuerdo

Fumando espera...


Un hombre fuma paciente
un cigarrillo de espera,
y el vacío en su cartera
se mofa de su aliciente.
El hombre sigue pendiente
en la fila del destino.
El tiempo pasa ladino
y le araña la piel tersa.
El hombre, solo, conversa
con un paisaje cetrino.




El tren del recuerdo.



Pasa el tren, oigo un silbido
de metálica serpiente
en medio del estridente
ruido que trae el olvido.
Yo sé que lo que he vivido
me trajo espinas y rosas.
Pero de entre tantas cosas,
tocadas de bien y mal,
me quedo con el panal
de mis abejas mimosas.

Doce


La pirámide saca a relucir sus peores artes. Los nigromantes han hecho su magia negra. Los afectados por la expulsión son doce, como los doce apóstoles, doce. Pero Judas no está, Judas sabe también de hechicería, y como una escurridiza áspid se ha escapado, no sin antes dejar su rastro sobre la arena.
Los nigromantes han venido del oeste, del desierto del oeste, de allí, de dónde los esclavos han de hincar sus rodillas y han de besarles sus sandalias de cuero.
Los nigromantes sólo piensan en el valor del oro, no en el valor de la vida humana.
Qué triste, sabiendo ellos que la vida es corta y que, en el fondo de la pirámide, el día de su muerte el oro no les servirá de nada.
Pero Ra, el gran Dios Ra todopoderoso, ha hablado, y así lo ha decidido: Los doce deben abandonar el templo, tirarles unas monedas de cobre y que se vayan. No me importa si han dedicado toda su vida a la pirámide, la pirámide ya no les necesita. Nada me importa, YO nado en oro, como oro y cago oro. Soy Dios.
Los Guerreros han sacado sus lanzas, sus escudos y han ido a la defensa de los doce, pero la magia negra es superior, no invencible, pero superior a sus fuerzas y a sus estrategias. Los doce no tienen alternativa. Hoy volverán a sus casas adoloridos e indefensos, con la mirada puesta en un futuro incierto.

domingo, 11 de abril de 2010

Consagrar la primavera



Ritual de un pasajero sin lluvia / Julio César Rodríguez Aguilar / CUBA



Consagrar la primavera


Ya no puedo ser ignoto,
aunque quisiera, no puedo;
los dioses tildan el credo
de inverosímil y roto.
Sobre la mesa yo agoto
la ilusión que había comprado,
y aunque salga disfrazado
alguna vez de quimera,
consagrar la primavera
me tiene muy desgastado.




O. Moré

domingo, 21 de marzo de 2010

Monólogo corto con embolismo.


Gallo / Ángel Antonio Moreno / CUBA





Recuerdo cuando yo no era nada, cuando yo no era nadie. Estaba allí, en el pueblo de tierra rojiza, envuelto en mi pellejo, y mi pellejo pegado a mis huesos, y mis huesos eran frágiles a falta de calcio. Sí, lo recuerdo bien. Creo que no le importaba a nadie. Y a mí tampoco me importaba no importarle a nadie porque, en definitiva, qué importancia tiene eso. Sí, eso de importarle a alguien, si siempre pensé que viviría solo, que moriría solo.
Yo estaba triste y feliz al mismo tiempo. Me faltaban cosas, tenía muchas carencias, cosas que no podía obtener ni comprar, pero las más jodidas eran las carencias del alma, del espíritu. Esas eran las que se alimentaban de mí y perpetuaban mi escualidez y mi tristeza. No obstante, era feliz a mi modo, porque tenía libros y leía, porque tenía mis manos y escribía y dibujaba. Yo era feliz creando. Decían que tenía alma de artista, porque también dicen que todos los artistas son seres atribulados. Yo soy atribulado pero no creo que sea artista. Yo sólo soy persona, ya lo dije: una persona triste y una persona alegre, y soy raro. Eso también lo dicen, que soy raro, y que todo lo que escribo es raro, y mediocre. También soy mediocre. Claro, qué fácil es criticar, como si ser un genio fuera cosa de coser y cantar.

jueves, 18 de marzo de 2010

La Esperanza y La Quimera

Martina / Gabriel Moreno / España



I

La veo pasar, y pasa
con su aire de abolengo
sin saber si voy o vengo,
si vivo o no en esta casa.
Suele ser una mordaza,
suele ser abeja fiera,
nunca quiere y aunque quiera
te besa con su veneno.
No importa que seas bueno,
siempre estarás a la espera.

II

Paloma blanca que al nido
volabas, y no encontraste,
no llores, porque no erraste,
es que el nido se ha caído.
Paloma abraza el olvido
y alza de nuevo el vuelo,
seguro que en otro cielo
habrá un nido que te espere;
no cantes un miserere,
allí tendrás tu polluelo.

III

Un hombre corre con prisa
por la acera que da al río
y no le importa que el frío
se cuele por su camisa,
no mira por donde pisa
ni tampoco, en su carrera,
le importa que de la acera
se pierda su huella y corre
hacia la lejana torre
que se alza en la quimera.


O. Moré


jueves, 18 de febrero de 2010

Qué decir...

Qué decir de la quimera
atorada en la garganta.
Queda muda, nunca canta
su canción, hasta que muera.
Como el panal que, la cera,
no deja escapar la miel;
como un marchito vergel
cubierto por la hojarasca
que no deja que allí nazca
ni un narciso ni un clavel.