jueves, 9 de octubre de 2014

Declaración de intereses

Desnuda sobre la hierba (acuarela) O. Moré / Matanzas/ CUBA


DECLARACIÓN DE INTERESES

No quiero ni catarsis ni eclosiones,
no quiero esas miradas de ave en celo;
no quiero ni ese tul ni el terciopelo
que disfrazan tus falsas emociones.

Yo quiero el mimetismo y la caricia,
la luz que  por tu ombligo queda presa,
que ilumines mi noche y la maleza
y ahuyentes la muerte subrepticia.

No quiero esas sonrisas nacaradas
ni esas poses de estetas y divinos
como estatuas de carnes agrietadas.

Yo quiero ser Quijote, y los molinos
que te acechan vencer con las espadas
que he ganado en tus sitios clandestinos.



O. Moré

domingo, 5 de octubre de 2014

Purificación


Óleo de Kris Lewis / EE. UU 1978


Kris Lewis


Purificación llega siempre con retraso, viene apurada y nerviosa y entra como un remolino. Apenas traspasa el umbral de la puerta ya va soltando la primera cantinela del día, porque, Purificación, siempre tiene una historia que contar, cierta o falsa, es indiferente, ella es dueña de una capacidad innata para la fabulación; de no ser porque es una de las señoras de la limpieza y porque no es una mujer cultivada, hubiera podido dedicarse a la literatura. Comienza su relato sin que se le pregunte nada y nunca encuentra el momento de dar fin a su salmodia.

Purificación tiene unos enormes ojos redondos que abre desmesuradamente cuando narra o explica esos sucesos que le han acaecido o que ella se inventa. Sus dientes son largos, caballunos, manchados de tabaco. El cabello liso le cae en una media melena. Es de pequeña estatura,  delgada, de pocos senos y de muslos separados (como de cowboy). Toda su figura se estremece cuando gesticula. Purificación es una marioneta parlante y tediosa movida por no se sabe qué invisibles hilos.

Hoy llega veinte minutos tarde y, al empujar la pesada puerta de cristal de la garita, ya me está soltando su nueva monserga: He llegado de puro milagro _me dice_ ni te imaginas lo  que me ha pasado…, no te lo pierdas, esta noche sólo he dormido dos horas, no ves las ojeras que llevo _ miro a sus ojos y sólo veo dos enormes faroles vivos, extremadamente maquillados, ni sombra de las sombras de las supuestas ojeras _ Lo que yo te diga._ continúa ella_ Es que lo que no me pasa a mí, vaya, no le pasa a nadie… Me he quedado sin gasolina al salir a la autopista y ha tenido que venir mi hijo en la moto a traerme un bidón lleno para repostar un poco y poder llegar hasta aquí… A punto han estado de atropellarme varias veces, bueno, total, ya ves a la hora que aterrizo…

Purificación sigue narrando su retahíla de contingencias: de lo de la gasolina y los supuestos atropellos salta al motivo de su insomnio, de esto al gripazo que está incubando, de aquí a lo que le pasó a una amiga suya o a lo último acaecido en su barrio, que siempre son hechos que parecen sacados de la prensa amarilla, acontecimientos asombrosos, estrafalarios y ridículos; y así, sucesivamente, hasta llegar a su tema estrella: la separación de su último marido y el mismísimo exmarido en cuestión.  Tema que desmenuza, destripa, disecciona, desde lo más nimio a lo más escabroso (intimidades sexuales incluidas), para luego finalizar con el supuesto motivo del divorcio.

Por lo visto, Purificación, es una manirrota, bueno, de eso la acusaba Pedro, su exmarido, dice ella. Y lo digo yo, lo ratifico, porque Purificación tiene, además, una exacerbada manía de grandeza. Todo le ha costado carísimo, te apostilla siempre orgullosa. Y es verdad, no hay nada más que verla. Su escaso sueldo de limpiadora lo destina a perfumes, ropas y zapatos de marca, sin tener en cuenta si mañana tendrá para comer, para  pagar la luz, el agua o la calefacción;  o si tendrá para la gasolina del coche que ha de llevarla y traerla a este trabajo, su única fuente de ingresos. ¿Qué necesidad tiene Purificación de aparentar lo que nos es? ¿Acaso esta manía de grandeza es síntoma de un complejo de inferioridad? A mí me resulta extremadamente paradójico. Un día cualquiera se te presenta oliendo a Angel de Thierry Mugler, vistiendo camiseta de Burberry, tejanos de Dolce & Gabbana y sandalias de piel de no sé cuál modisto (cosas que supongo no ha adquirido a la vez, sino poco a poco, pero en las que se le debe haber ido una gran parte de su sueldo cada vez que le ha echado el guante a alguna de ellas), y sin embargo, entra contándote, a lágrima viva, que le han cortado la luz y que lleva más de una semana alimentándose a base de caldos de Avecrem.

Por más que me lo pregunte no le hayo respuesta. Que alguien prefiera alimentar el espíritu en vez del estómago, un día determinado, sólo uno, lo entiendo hasta cierto punto. Pongamos el caso del lector ávido que prefiere comprarse un libro antes que pagarse un plato de comida, es aceptable y hasta comprensible si, como hemos apuntado, es sólo un día; pero que por aparentar, por parecer superior, por dar a entender que eres algo que no eres, o por complejo de inferioridad de clase, alimentes la vanidad y no el estómago, me parece, sin lugar a duda, un pecado capital. Encuentro más inmoralidad en este comportamiento que en la supuesta catadura moral que le achaca ella a su exmarido, al que tilda de putero, adicto a la pornografía y viejo verde.

Esa manía de grandeza, ese afán de aparentar superioridad, esa soberbia, no queda aquí, en la simple apariencia de la ornamentación corporal, va  más allá. Por ejemplo: si se habla de aparatos de televisión el de ella es más grande y moderno que el tuyo; si de viajes, ella ha estado en todos los lugares habidos y por haber; si de pretendientes, los suyos son y han sido todos guapos y jóvenes (Purificación tiene cincuenta y dos años, los pretendientes andan siempre por la treintena) y son dueños de grandes casas y lujosos coches. Si oye hablar de joyas, uf, no veas la de joyas buenas que tiene ella en su casa. Y así, todo lo imaginable e inimaginable. Sus compañeras de trabajo, con las que habla de estos temas mientras limpia, no tienen la paciencia que tengo yo, enseguida la mandan a freír espárragos.

Purificación puede estar aquí, en la garita, dándome la tabarra, media hora o más, sin importarle para nada si llega algún visitante, si tengo trabajo que hacer o, simplemente, si me incumbe un carajo todo lo que me está contando.  Aguanto estoicamente y, llegado a un punto,  fijo mi mirada en sus palabras, sí, la mirada, porque logro ver toda aquella palabrería tropezar con su equina dentadura y luego salir expedida como escupitajos, como pompas o burbujas, como huracanadas rachas de viento que toman formas imprevistas. Salen en racimos de palabras soeces, coloquiales y, rara vez, bellas o amables. Racimos y más racimos que van conformando sus historias en las que de veracidad ya sólo queda un diez por ciento, el otro noventa es totalmente fabulado. Es por eso que mis oídos, como dice el sabio refrán, comienzan a quedarse sordos ante tanta necedad, sólo mi vista permanece incólume.

No obstante, a veces, me gustaría ser dueño de toda esa inventiva, de esa verborrea incontinente y esa desinhibición de la que hace gala esta señora. Estoy convencido que con esas cualidades y el talento necesario (cosa que por supuesto no tengo) podría convertirme en un excelente escritor. Porque,  qué es la literatura sino eso, una fabulación de la realidad  y hacer creíble esa fabulación; lograr, como decía Samuel Taylor Coleridge, la suspensión de la incredulidad en el lector, o en el oyente, o en el observador, porque este concepto es aplicable tanto a la escritura como al teatro o al cine.

Purificación me recuerda a aquel personaje literario llamado Juan Candela, de Onelio Jorge Cardoso. Al igual que  Juan Candela, Purificación miente como una bellaca, pero no fascina, como sí lo hacía este otro; no hace lo inverosímil verosímil. Si  Purificación en vez de convertir su verborrea en insufribles, procaces y soporíferas peroratas, utilizara su desbordante imaginación y su expresividad corporal para la oralidad seria y concienzuda, Purificación podría convertirse en una auténtica y valiosa cuentera o cuentista, o narradora oral, llamémosle como sea. Adornando el relato con esas adorables mentiras que nos tejen los buenos fabuladores, Purificación, se podría ganar la vida como monologuista, y hasta escribirse ella sus propios guiones. Porque, qué sería de la ficción literaria u oral sin ese toque de imaginativa y creíble falsedad, sería como una sopa sin sal, totalmente insípida. Estoy seguro que si pudiéramos preguntarle a Borges, a Bioy Casares, a Cortázar o a mi admirado Gabo, precursor, este último, de lo real maravilloso, o a mis no menos admirados  coterráneos Carpentier y Reinaldo Arenas, por sólo citar algunos grandes fabuladores, dirían algo parecido.

A propósito de lo “maravilloso”,  y hablando de mentiras, leí en La Poética, de Aristóteles, unas frases que nos vienen como anillo al dedo y que traigo a colación. Decía el gran griego:
“Lo maravilloso es, por cierto, causa de placer, como se deduce por el hecho de que todos relatamos una historia con agregados, en la creencia de que ofrecemos un deleite a muchos oyentes.”
(…)
“Homero, más que ningún otro, nos ha enseñado a todos el arte de forjar mentiras de manera adecuada.”
(…)
 “Una imposibilidad probable es preferible a una posibilidad improbable”
Siguiendo con la mentira  y volviendo a Gabo, contaba su padre que siempre había sido, Gabrielito, desde pequeño, un poco mentiroso.

Ah, si Purificación hubiera heredado el talento de mentir de Gabo o de Homero, otro gallo cantaría.

Cuando Purificación se marcha la sensación de paz lo inunda todo. Es como si de pronto dejara de sonar una de esas endiabladas sirenas contra incendio que te han estado fustigando los oídos con su aborrecible pitido. Pero, paradójicamente, a fuerza de ser pesada, Purificación, se hace entrañable. El día que falta, que son muchos (también tiene la capacidad de utilizar sus ingeniosas invenciones para desaparecer del trabajo y luego justificar sus ausencias), la echas de menos. En el fondo, y a tu pesar, hasta le tomas cariño (no en toda la acepción y rotundidad del término, porque a veces puede llegar a ser un poco víbora y envidiosa). Con Purificación se hace cierto aquella memorable frase popular que reza: “No puedo vivir contigo, pero tampoco sin ti.”

Lo que hace que sientas ese aprecio, al que va ligado un poco de pena y lástima, es, sin lugar a duda, su fragilidad, porque aunque en muchas de sus historias (las que cuenta de sus avatares existenciales y familiares) muestre una coraza, una tupida cota de malla y se vea a sí misma como una Juana Arco o una temible y fiera amazona, Purificación no puede esconder su estructura de vidrio agrietada por los palos que le ha dado la vida. En Purificación todo es un juego de espejos, de apariencias, lo que parece una tigresa no es más que una pobre y desvalida gatita de arrabal por la cual sientes una inexplicable ternura, aunque, de vez en cuando, te arañe con sus anquilosadas garras, pero que no puedes odiar por ello, porque sigues viendo un pobre animalillo, ya no sólo de raquítico cuerpo, sino, también, de raquítico cerebro.
Quizás ya fuera mentirosa desde pequeña o quizás sea un vicio que adquirió después, a medida que su tránsito por la existencia comenzó a plagarse de obstáculos y sinsabores. Quizás mentir le sirva para sobrevivir a la mediocridad de un mundo gris y sin esperanzas, lo cual le permite crearse un universo propio en el que ella gobierna como una auténtica reina de Saba. He sido testigo (como único oyente o siendo parte de un auditorio más extenso) de esos avatares, de esas peleas a cincuenta y dos rounds con la vida, en las que ha recibido ganchos de izquierda y de derecha, uppercut , golpes bajos y hasta patadas y zancadillas. El cuadrilátero para Purificación nunca ha sido un sitio donde alcanzar el triunfo, sólo ha conocido, en él, la derrota.

Aunque Purificación es esa insoportable fabuladora (mentirosa compulsiva, diría una especialista; paquetera, diríamos los cubanos) cuando te relata esos sinsabores y esos combates en el ring de la vida real, sabes que, en ese momento, no te miente, porque en sus ojos, esos dos grandes faroles negros y redondos, se puede atisbar la veracidad de sus palabras. Tampoco mienten sus lágrimas mientras le corren el rímel y le descomponen el maquillaje convirtiendo su cara en una máscara grotesca que acentúa la tragedia que narra.

Óleo de Kris Lewis


Por ello, y a pesar de que cuando la veo venir quisiera que se abriera la tierra y me tragara, me gustaría poder ayudarla de alguna manera, estrechar aún más los lazos de amistad que nos unen, aunque resulte un verdadero ejercicio masoquista este propósito. Pero no veo cómo puedo yo ayudarla a salir de ese círculo vicioso de embustes, enredos y manía de grandeza. Es evidente que Purificación necesita un psicoanalista, un psiquiatra o algo por el estilo. A mí sólo me queda seguir siendo espectador y oyente del drama de su vida real y de su otra vida inventada, demostrándole que alguien le presta atención, la escucha, aunque durante la mayor parte de su perorata (la plagada de embustes) yo esté con la mente vagando por otras dimensiones. Quizás, una manera de salvarla,  sería convertirla en un personaje literario, pues me siento incapacitado de ayudarla de otra forma. Escribir una especie de purificación de Purificación, desmontando ese personaje en el que se ha convertido y volviéndolo a montar. Creando otro universo para ella donde no sea necesaria la mentira. Un universo limpio, transparente, fascinante. Una verdadera realidad alternativa. Una especie de redención, de expiación, de exoneración a través de la literatura,  pero amigos, esa ya sería otra historia. 

Mujer de humo


Oleo de Ernesto García Peña. /  Matanzas, 1949 / CUBA
Ernesto García Peña


Busco tu cuerpo, mujer,
entre resacas de humo;
tu cuerpo despacio fumo
y lo veo fenecer.
Despiertas en mí el placer
que se consume en mi sexo;
mi sexo colma en su nexo
al corazón de lujuria.
Es esa mi cruel penuria
en lo cóncavo y convexo.

Pierdo tu cuerpo, mujer,
se escapa de mis pupilas,
en ellas triste destilas
la miel del anochecer.
Luego vuelve a florecer
con escultural figura
muy pegado a mi cintura.
  Y en un sensual movimiento
echo mis alas al viento
y penetro en tu espesura.

O. Moré


miércoles, 24 de septiembre de 2014

El plazo expira...

Paisaje de Tomás Sánchez / Aguada de Pasajeros, 1948 / CUBA

Tomás Sánchez


El plazo expira…

¿Dónde encontrar los gorriones
que en la tarde se olvidaron
del aire y luego volaron
a otras grutas, sin razones?
¿Dónde las estaciones
de trenes deterioradas,
sin relojes, con bandadas
de pasajeros dispuestos
a viajar hacia los restos
de las tierras bombardeadas?

¿Dónde encontrar los cometas
de colas interminables
y los besos incontables
de las ninfas, sus siluetas?
¿Dónde los nimbos violetas
con sus ribetes dorados,
los estanques simulados
en los charcos del camino,
el mensaje clandestino
del héroe martirizado?

¿Dónde mi tiempo encontrar
si se deshizo en la arena;
dónde encontrar mi sirena
con su canto y su vagar?
¿Dónde el poema  versar
si la musa no me inspira
y la ruleta que gira
en mi sien trae un disparo?
¿Dónde encontrar el amparo
si tengo un plazo que expira?


O. Moré



Paisaje de Tomás Sánchez
















lunes, 22 de septiembre de 2014

Llueve sobre mojado (nueva versión)

Pongo a vuestro criterio la nueva versión de estas décimas decasílabas después de haberlas corregido en estilo, métrica y acentuación. Debo agradecer la ayuda de dos grandes poetas de la comunidad Ultraversal: Morgana de Palacios y Silvio Manuel Rodríguez, sé que ellos prefieren permanecer en el anonimato, pero sería deshonesto de mi parte no darles el crédito que se merecen.
Me he decantado por el verso decasílabo polirrítmico compuesto, con acentos obligados en la 4ª y 9ª sílabas, y con dos hemistiquios (5+5).

Óleo pintado con los dedos por Paolo Troilo / Taranto 1972/ ITALIA


I

El agua impía que me corroe
sobre mi espalda su esencia deja
en un disfraz que es una queja
como el sonido de  un cruel oboe.
Busco un ungüento como el aloe
que me esperance tras la batalla,
y solo encuentro lluvia y metralla
cayendo espesas sobre mi hombro.
Ruina ya soy,  pálido escombro
que aún mojado vibra y estalla.

II

¿Podrá mi cuerpo tras su derrota
vencer el miedo, y así, empapado
quizá sentirse barro sagrado
si alguien le impregna de savia ignota?
¿Vendrá otra lluvia, blanca gaviota,
sobrevolando mi piel deshecha
y aunque su edicto no tenga fecha
logre inspirarme a vivir mi vuelo?
¿Será esta lluvia mi fiel consuelo
cuando al fin venza toda sospecha?

O. Moré 

viernes, 19 de septiembre de 2014

¡Al mar, al mar...!

La ola (Vladimir Iglesias Gerardo) (Matanzas 1964)(CUBA)

Vladimir Iglesias Gerardo / Matanzas / CUBA

**************************************

A mi esposa

¡Al mar, al mar…!

I

Pasto en el mar  olas breves
con sus crestas y sus sales;
rumiando todos mis males
pasto su espuma y sus nieves.
Pasto el salitre los jueves,
y el domingo, tras la barca
de la noche, heresiarca,
santo, beato y profeta,
del mar yo soy el poeta,
él me nutre y él me abarca.

II

Soy náufrago en esta isla
rodeada de mar y cielo.
No pica nada en mi anzuelo
porque el mar sólo me aísla.
Sin ser un juez que legisla
apruebo mi propia ley;
abandono mi batey
y marinero me hago
en un velero que pago
 y al que nombro“El Indio Hatuey”.

III

Navego, está el mar en calma
como un espejo dormido,
solo se siente el latido
de lo profundo del alma.
La silueta de una palma
se desvanece en la orilla
y la proa es la cuchilla
que al mar sangrar hace espuma.
Comienzo a atisbar la bruma
que al horizonte mancilla.

IV

Miro al mar de donde vengo
(allá, donde el flamboyán)
y todos los peces van
tras un barco verde y luengo.
Me doy cuenta de que tengo
el corazón dividido
por este mar atrevido
que erosiona mi cubierta.
Con prisa cierro la puerta
al oleaje del olvido.

V

Soy el fuego  que se atiza
en el fanal de la nave,
soy el pájaro que sabe
que nació de la ceniza.
Soy el pez que se desliza
por un mar nunca surcado
y que salió disfrazado
de temible tiburón.
Soy un sueño en erupción
aunque esté muy mal soñado.


VI


¡Al mar, al mar…! dicta el viento
mientras inflama la vela
como si de una novela
susurrara el argumento.
Y en ese mismo momento
avisto la tierra firme.
Le digo al mar: _ He de irme,
mas siempre estarás conmigo;
tú mismo serás testigo
que tu azul ha de teñirme.

VII

Llego con dudas al puerto
de un futuro salpicado
del mismo miedo varado
que dejé en el mar abierto.
No sé si es futuro incierto
lo que esta tierra me ofrece,
ni sé si el sol que fenece
tiene el cálido bramido
del astro que amanecido
quedó donde reverdece.

VIII

Sólo sé que el cuerpo tuyo
será el abrigo de lana
que calor en la mañana
 me dará como a un capullo.
Sólo sé que ese murmullo
que llega de la montaña
ni vuelve la tierra extraña
ni me ahuyentará de aquí.
Ahora soy un colibrí
libando una flor de España.


O. Moré

Marina con flamboyán / Vladimir Iglesias Gerardo


domingo, 14 de septiembre de 2014

Llueve




Hombre triste con lluvia (George Hodan) (Inglaterra)





Llueve...
¡Con la que está cayendo ...!
(Expresión popular) 
Décimas (Espinelas) 

Llueve y  la ciudad parece
que se oxida en el sudor,
y en un último estertor
 el tiempo raudo envilece.
Como un dibujo decrece
(un grafitti que se borra)
la ciudad, pérfida zorra,
aullando hacia el cielo gris.
Sucio y brocado tapiz
del hastío y la modorra.

Llueve, las luces se escapan
de los sótanos hambrientos,
donde unos cuerpos sedientos
sueñan que la lluvia  atrapan.
Las cacerolas destapan
la nada y la incertidumbre;
la vida es tan sólo  herrumbre
sobre un suelo de granito.
El horizonte infinito
sigue gris, sin que se alumbre.

Llueve otra vez (Silvio Rodríguez)


Llueve sobre mojado
(versión mejorada)
Agradecimientos a Morgana de Palacios y Silvio Manuel Rodríguez, de Ultraversal, por su ayuda.


El agua impía que me corroe
sobre mi espalda su esencia deja
en un disfraz que es una queja
y es el sonido de  un cruel oboe.
Busco un ungüento como el aloe
que me esperance tras la batalla,
y solo encuentro lluvia y metralla
cayendo espesas sobre mi hombro.
Ruina ya soy,  pálido escombro
que si se moja en pavor estalla.

¿Podrá mi cuerpo tras su derrota
vencer el miedo, y así, empapado
quizá sentirse barro sagrado
si alguien le impregna de savia ignota?
¿Vendrá otra lluvia, blanca gaviota,
sobrevolando mi piel deshecha
y aunque su edicto no tenga fecha
podrá inspirarme a vivir mi vuelo?
¿Será esta lluvia mi fiel consuelo
cuando al fin venza toda sospecha?

O. Moré

Llueve sobre mojado (Silvio Rodríguez)