domingo, 27 de febrero de 2011

Helena de Cuba (de jugando con la décima)

Desnudo en Verde / O. Moré (Osvaldo Moreno) CUBA


"Arde Troya", y el caballo,
con su empaque de madera,
destruye la talanquera
hecho ciclón, hecho rayo.
Súbito se quiebra el tallo
de Helena que, voz en grito
y con el rostro contrito,
se oculta por los portales.
Helena, entre los mortales,
escapando del delito.

Mulata de grupa tosca
con sus bembas carmesí,
libertino colibrí
de testa rabiosa y fosca.
Ya te has pasado de rosca
y el mulato Menelao
rapaz como el guaraguao
en su potro semental
quiere salvar su moral
y te enjuicia en el tablao.

Haya tu cuerpo el machete
reclamando tu armadura.
Se te clava en la cintura
cuando el adusto jinete
cual si fueras un juguete
te alcanza sobre su equino.
Con un zarpazo felino
emerge tu sangre espesa.
Tu vida se queda impresa
en el polvo del camino.

domingo, 20 de febrero de 2011

Caballero Don Gallardo (de Jugando con la Décima)


Puedo ser un caballero
de los de a la antigua usanza,
sin una gota de panza
y en la batalla el primero.
Quijote con escudero,
embutido en mi armadura,
forzando la cerradura
de algún casto cinturón,
para encontrar la pasión
a golpes de mi cintura.

Podría ser Don Gallardo
y vivir en el Toboso,
puro músculo, buen mozo,
un poco juglar y bardo.
Tener un jamelgo pardo
y que Conde a mí me llamen,
y al verme todos exclamen:
¡Vaya estampa de señor!
Y en las cosas del amor
todas las damas me aclamen.

O quizás ser como el Cid
y que me llamen Rodrigo,
tener un campo de trigo
olivares y una vid.
Ser poeta y adalid
en las cortes españolas,
cantarle a las amapolas
con mi cítara de antaño,
y estar casi todo el año
veraneando entre las olas.

Aunque, puestos a pedir,
me gustaría ser Rey
y aprobar alguna ley
que asegure el porvenir.
Por ejemplo que al salir
del dulce vientre materno,
nunca te falte el pan tierno
ni casa donde morar
y, aún menos, qué cobrar,
sea verano o invierno.

lunes, 14 de febrero de 2011

Otros ciclos del agua



Cerebro y Corazón / O. Moré (Osvaldo Moreno) / CUBA

Qué hay más infame que la lluvia, esa lluvia que cae leve cortando las paredes, deshaciendo la carne, filtrándose en los ojos. Qué hay más distante que la lluvia, esa lluvia que hiela tus manos, que cubre tu esqueleto con su líquida piel y te hace invernar bajo la piedra junto al sapo.
Qué hay más doloroso que desnudo cincelar tus órganos e ir dejando un hilillo de sangre tras de ti, que luego será chorro y más tarde río.
Alguna vez me esperaste bajo la lluvia para diseccionar mi cuerpo, para arrancar mi sexo de cuajo y lanzarlo a las bestias. Entonces yo creí que era mártir o ángel, y salí en busca de la aureola y de las alas, pero sólo fui hombre que se hizo niño que se hizo esperma que se hizo nada.
Y un día, por fin, encontré la risa. Estaba tras el muro. Crecía en una mata, era el fruto. Y allí estaba yo, encaramado al gajo comiendo risa hasta que me harté, entonces caí al suelo y fui el bobo que se cayó de la mata. Pero reí tanto que morí en el acto, en el mismo acto de la risa. Y me pudrí en medio de la hierba, y mi cuerpo abonó la tierra. Y pasado varios años la lluvia, esa misma lluvia infame, me trajo de vuelta, me hizo nacer y echar raíces.
Pero otro día, un día en que la lluvia se había marchado y nada se sabía de ella, arranqué mis raíces y me planté lejos del agua. Maldigo la hora en que te di la espalda, porque lanzaste tras de mi a la lluvia, la hiciste venir, pero esta vez, convertida en huracán, en temible y justiciero (justiciero según tú) ciclón.
Y allí quedé yo, calado, ensopado, como una esponja, sin rostro, porque la lluvia, la infame, la que corta, la que hiela, lo desfiguró y lo borró para siempre.
Ahora cada día soy más agua y menos carne, y así seguiré hasta que quede convertido en un ridículo charco donde vendrán a saciar su sed los perros callejeros.