domingo, 29 de noviembre de 2009

Hamlet y el Cisne.



Hamlet y el Cisne divagan
por una noche entrecortada y húmeda.
Sus cabezas están perdidas en el aire
y una tristísima luna gotea su soledad
en el mismo traje de la noche.

Hamlet y el Cisne parecen volutas de humo
que se esfuman de manera salvaje.
Sobre el peso de sus cuerpos
el propio peso de la noche.

Hamtlet y el Cisne divagan,
detrás quedan el mirlo, el alacrán,
la orquídea blanca…los sauces lloran
y tercian sus ramas en las ramas de la noche.

Hay una sombra que los sigue.
La sombra también divaga.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Grita.

El Grito / Eduard Munch

Gritas en silencio
Bajo
Esta nube de astracán corrediza.
Gritas con la fuerza de los ojos
Y las manos y el estómago.
Gritas a sabiendas
Que nadie te escucha,
Pero gritas
Bajo
Esa nube de sílice que se apaga.
No es el grito lo que importa,
Es la necesidad del grito,
La licencia del grito.
Munch te retrató
Bajo
Aquella nube que se deteriora
Que te envuelve,
Te atrapa.
Gritas, sólo gritas.

¡GRITAAAAAA!

lunes, 23 de noviembre de 2009

Factor Calibán.


Calibán espera la luz,
está perdida entre los juncos,
perdida bajo el agua.
Una antorcha de vaho lunar
traza una guillotina visible
cortándole en pedazos,
y su esperanza rueda por el suelo.
Los espíritus comandados por Ariel
se ríen desde las alturas
y se visten, desprejuiciadamente,
en la túnica de una broma macabra.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Embolismo con lluvia.


Llueve. Llovizna persistente, pertinaz, jodedora. Chin, chin, chin…Gris. Neblina sobre la montaña y gris, gris apagado, sucio. El camino es un barrizal barrido por los coches. Chas, chas, chas, hacen los coches, chas. El frío se cuela a través de los barrotes de la ventana. Ventana abierta. Ventana minúscula que me devuelve un paisaje húmedo, chorreante. ¿Qué hay detrás de la ventana, Bolaño? Chas, chas, chas, hacen los coches, chas. Una vida mojada, sí, detrás de la ventana, una vida de agua, eso es lo que hay. Y mi vista que se aleja, hacia allá, hacia el gris apagado, sucio. ¿Qué busco? ¿Un signo? Qué busco en la lejanía, en la lejanía lejana, allá, allá, en el infinito. Allá, allá tú me ves, allá: Dijo Pilar, dijo Martí. ¿Y yo, qué veo? Agua. Veo agua. Veo indiferencia, veo altivez. Los coches hacen chas, chas, indiferencia, chas, chas, altivez, chas, chas... Ah, y prepotencia, chas. Chin, chin, chin...O tin, tin, tin. Tin, tin, la lluvia cayó…Dijo Teresita Fernández. No, cayó no, cae, aún cae, se desprende, moja lo mojado y lo remoja. Llueve sobre mojado, dijo Silvio. Bolaño ¿qué hay detrás de la ventana? Otra ventana, una grande, inmensa, descomunal, abierta, democrática. Gigante, azul, abierto, democrático, en fin, el mar, dijo Guillén. El mar, que también es agua. Todo es agua, dijo Osmome. Del agua nacimos y al agua volveremos, no al polvo. Polvo y agua: barro. Somos barro en el barro y en las manos de Dios ¿existe Dios? El agua existe, la estoy viendo. H2O.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Los pilares de la lluvia.


La lluvia que añoré era una saeta
perfilando mis contornos,
cálida y fría, dulce y amarga.
Empapaba mi cuerpo y lo borraba.
Así de simple, con un gesto líquido,
con un rictus de tristeza.

Lluvia intransigente, en sus paredes
mis pasos perdieron su equilibrio.

Un árbol antiguo llegó para ampararme
en medio de la nada (O quizás era un libro),
de todas formas llevaba hojas
repletas de palabras.

Y allí estaba Eliseo dejándome el tiempo
todo el tiempo, y estaba Fayad convidándome,
si no podía dormir, a levantarme y navegar.
También Virgilio mostrando la Isla en peso,
mientras Lezama moría con Narciso.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Poema inconcluso... / Los Ángeles Castrados



Poema inconcluso para poeta mecánico.

Donde quedó la palabra quedó mi gesto
(hongo vegetal de pequeñas proporciones,
minúscula migaja)
y quedé cristal traslúcido, hormiga errante, polvo.
Quedaron mis pupilas y mis dientes,
el sabor del verso, de su filo y de su savia.
Y quedó mi lengua,
sin la que todo resulta inútil.




Los Ángeles Castrados

Los ángeles castrados
son sólo eso, blancos y limpios ángeles.

Cuando se apaga la cigarra
vienen a dormir bajo la hierba,
y allí quedan desnudos,
sin genitales que mostrar
a virgen alguna.

Luego se levantan
y camino a cualquier parte
esperaran el hechizo.

Nunca equivocan el camino.
No hay puertas a sus sueños,
pero tampoco el frío de la celda.

Vuelan los ángeles castrados.
Quizás alguna nube los tiña de su lluvia
o de su azul más tenue,
y puedan, de una vez por todas,
quitarse el horror
de sobre los hombros.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Espejo


I

Veo en el espejo roto
una imagen que no engaña,
es la de una telaraña
en lago de azogue. Ignoto
en cada pedazo broto
multiplicado y deforme.
Dibujo cubista enorme,
surrealista fotograma,
un puzzle, una amalgama
para mi rostro inconforme.

II

Traspaso el mágico espejo
y en sus regiones de plata
mi alma, brotando innata
de mi quebrado reflejo,
escapa tras el conejo
blanco de Carroll y Alicia.
Mi alma el camino inicia
lista a perder la cabeza
y con la aguda certeza
de que se hará con justicia.

Pero para mi sorpresa
la Reina de Corazones
no entiende de las razones
del amor, de la entereza
del amante y la riqueza
del alma que decapita.
La Reina sólo se excita
al ver el alma truncada.
Regreso desde la nada
con el ánima marchita.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Flor Prohibida.

Ilustración: Osmome


Ella se vacía los bolsillos de la entrega
y los deposita suavemente en un rincón.
Allí se tuestan lombrices de deseos,
alacranes tan maléficos como un beso.
Cierra los párpados y sopla su elixir
de noctámbula y de libélula.
Delgadas nubecillas de amor
se escapan entre las rejas
de este jardín distante y silencioso.
Ella es una flor de ese jardín
también prohibido.
Yo la miro como un jardinero
que padece de amnesia.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Yo, el poeta.

Foto: Silvia Gómez



Experto en todo y en nada,

principio y fin, Alfa y Omega,
turbio trigal que se siega
al filo de la alborada.
Sospechoso sin cuartada
y detective sagaz.
Sombra y bruma, luz de gas,
luthiers de arpa y violines,
delfín entre los delfines,
negro esclavo y capataz.

Lucero, estrella fugaz,
inconcluso y terminado;
vivo y muerto y enterrado;
un comentario falaz.
Un demiurgo, el incapaz
de sentarse en el altar.
Soldado sin batallar
en la guerra de su vida.
Así soy yo, una herida
imposible de curar.

martes, 10 de noviembre de 2009

Décimas a Dulce María Loynaz



Mire usted, Dulce María,
las flores de su Jardín
no marchitan ni son fin
ni reducto ni agonía.
Son más bien melancolía
de exquisita letra docta.
Hay un Ángel que pernocta
en el sobrio caserón
y retoza el muy bribón
sobre la hierba y le corta

el verde, la savia interna,
la raíz, el aguacero.
Es un Ángel marinero
que ha perdido su linterna
en la profunda caverna
de su lírica infinita.
De su Jardín necesita
ir reptando entre las rejas,
del verso ser las guedejas,
ser su abrazo, ser su cita.

Mire usted, Dulce María,
yo soy el Ángel que alego,
yo soy el que el césped sego
cuando llega el mediodía.
Sí, soy yo, Dulce María,
el que se enamora a gritos
de sus voces, de sus ritos,
de su soledad de diosa,
de su sonata piadosa,
de sus pesares fortuitos.

Yo, fugitivo y eterno
río al filo de su boca.
Yo, de la isla: el mar, la gota
entre raíces, infierno
astuto. Soy el invierno
dulce y sátiro en sus rosas,
las que no da por ser cosas
que mueren y no se deben

tocar. Yo, sin que se eleven
estas letras misteriosas.